Nombre
En el A. T. el nombre designa la realidad profunda de la persona, expresa la esencia del ser que lo lleve: es la persona misma. A los ocho días del nacimiento se imponía el nombre (Mt 1,21.23; Lc 1,31.63), pero puede ser cambiado al recibir una alta misión (Gén 17,5; Mt 16,18). conocer el nombre de Dios es conocer su iaturaleza (Ex 3,13; 23,21; Dt 5,11). El sombre de Dios es el supremo nombre entre todos, como El mismo es el supreno, el único (Zac 4,1). El nombre de Dios as santo (Lev 20,3; Sal 103,1), glorioso y excelso, grande y eminente (Neh 9,5; Sal 72,19; Prov 30,4), formidable y terrible (Dt 28,59; Sal 99,3), omnipotente (Dt 18,19; Jer 11,21; Jn 17,11-12). El nombre de Yahvé, inaccesible y trascendente, es como una sustitución de Yahvé, que acompaña al pueblo (Ex 23,19-21; Job 1,21; Ez 20,44; Am 2,7). El nombre de Dios habita en el templo (Dt 12,5.12; 1 Re 3,2) y en el monte Sión (Is 14,7; Jer 7,12-14; 34,15), porque el nombre es como El mismo. Donde está su nombre, allí está El presente (Is 30,27). Dios es "el Nombre" (Lev 24,11-16; Dt 12,5; Jn 12,28). El nombre de Dios debe ser siempre alabado y glorificado y nunca profanado (Is 52,9; Rom 2,24; 10,13).
Jesús ha venido en el nombre de Dios (Mt 21,9), es el revelador del nombre del Padre y ha revelado que Dios es Padre (Jn 17,6); todo lo que hace, lo hace en el nombre del Padre; El es, en definitiva, la revelación del Padre, el nombre del Padre: cf. Jn 17,6 y 17,17 con Ap 19,11-13, donde se identifican el Logos y el Nombre. Los cristianos deben orar y pedir en su nombre, es decir, apoyados en su infinito poder (Mt 7,22; 18,20; Mc 9,38; Lc 10,17; Jn 14,13-14; 15,16). Los apóstoles realizan milagros en el nombre de Jesucristo (Mt 7,22; Act 3,6.16; 4,7.12.17.18.30). Jesucristo es el Emmanuel, el Señor, el Cristo, el Hijo de Dios; pero, por encima de todos estos títulos, es el Nombre sobre todo nombre (Flp 2,9). En el nombre de Jesucristo se realiza la remisión universal de los pecados (Lc 24,47; 1 Jn 2,12), y no hay otro nombre debajo de los cielos en el que podamos salvarnos (Act 4,12).
E. M. N.
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