Mano
La mano y el brazo, en el pensamiento semítico, constituyen una unidad total. Los evangelios hablan de la mano en sentido propio, como extremidad del cuerpo humano (Mt 8,15; 9,25; 12,10; 15,2.20; 18,8; 26,23; 27,24; Mc 1,31; 3,1-5; 5,41; 7,2-5; 8,23; 9,27; Lc 6, 1-10; 8,54; 22,21; Jn 11,44). Emplean también el vocablo en sentido figurado: en expresiones perifrásticas (Mt 17,22); la derecha es símbolo de la autoridad: Jesucristo se sienta a la derecha del Padre (Mt 26,64; Mc 16,19) y los justos a la derecha de Jesucristo (Mt 25,33); la izquierda es símbolo de debilidad y de desgracia: los condenados estarán a la izquierda de Jesucristo (Mt 25,33); en general, la mano es símbolo de poder, de fuerza: la mano de Dios y de Jesucristo simbolizan la autoridad divina (Lc 1,66; 3,17); por eso hay que tener confianza en ella (Mt 4,6; Lc 4,11; 23,46; Jn 10,29). Dios Padre ha puesto todas las cosas en las manos de su Hijo Jesucristo (Mt 3,12; Lc 3,17; Jn 3,55; 13,3), las cuales, como las del Padre, se tornan todopoderosas (Mc 6,2; Jn 10,28-29; 17,12); poderoso era también San Juan Bautista, porque la mano de Dios estaba con él (Lc 1,66).
E. M. N.
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