Ley
Diversos términos hebreos, traducidos aproximadamente por ley, precepto mandamiento, estatuto, palabra, camino, etc., expresan esta realidad central en la Biblia, sobre todo en A. T. Pero el más importante, que puede abarcar a todos los demás, es el de Torá. Por Torá no sólo se entiende la ley de Moisés contenida en el Pentateuco (Mt 7,12; 12,5; Lc 2,2 16,17; 24,44; Rom 3,21), sino la instrucción revelada por Dios a su pueblo, todo el conjunto del A. T (Jn 10,34; Rom 3 19), que es el «canon» o regla, es decir, « la Ley», que regula toda su existencia -cultural, social, política- sin hacer distinción todo tiene un sentido religioso minuciosamente señalado por Dios y como cumplimiento de su voluntad. Torá, manifestación de esta voluntad divina, es ante todo una gracia, como la Alianza. Enseñanza transmitida primero por tradición oral, se va escribiendo y codificando luego como canon único. El Pentateuco contiene diversos cuerpos o códigos legales. Los libros siguientes continúan su espíritu y profundizan su sentido como realización de la Alianza. Pero prevén, también una nueva Alianza futura, de régimen distinto. La Ley, en efecto, no es el medio definitivo establecido por Dios para salvar a los hombres. Así lo interpretó Jesús, el cual no vino a abolir la Ley del A. T., entendida con revelación viva de Dios, sino a darle cumplimiento (Mt 5,17-18), pero sí se enfrentó con el legalismo reinante que se fijaba únicamente en una pureza exterior y olvidaba la pureza interna, la conversión del corazón (Mt 12,5; 15,6; 23,23). La ley que Jesús proclama es la del amor a Dios y al prójimo (Mt 5,4322,36. 40; Lc 6,27-28; 10,26). San Pablo establece de una manera bien clara que la Ley era tan sólo una preparación, un pedagogo, destinada a hacer tomar conciencia de la situación de pecado de la humanidad (y personal) y a imponer la penitencia y la necesidad de un redentor. La economía de la Ley ha terminado ya y hemos entrado en la economía de la gracia (Rom 5, 6,14; 10,4). Jesús realizó en la cruz la justicia exigida por la Ley, haciéndose maldito; desde entonces la única fuente de salvación es la gracia de su redención aceptada por la fe. Así el régimen cie gracia sustituye al régimen legal. La ley fundamental del redimido, la plenitud de la Ley, es la caridad, que hace que la fe sea viva (Rom 13,10). escrituras, J. y las; instituciones, J. y las.
E. M. N.
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