Jeremías
El profeta Jeremías nació hacia el año 650 a. de C. en Anatot, pequeña aldea situada a 4 Km. al noroeste de Jerusalén. Su ministerio profético duró unos cuarenta años y se desarrolló en la confluencia de dos grandes imperios mesopotámicos: entre el final del imperio asirio y el nacimiento del neobabilónico. Presenció el asedio y la caída de Jerusalén a manos de Nabucodonosor en el año 587. Durante el asedio, Jeremías fue encarcelado. Una vez tomada la ciudad, a Jeremías se le dio opción para ir a Babilonia con los exiliados o quedarse en Palestina. El profeta escogió esta última opción, que era la más dura y difícil, para estar con las pocas gentes que quedaban en la patria y ver la manera de reorganizar la pequeña comunidad. La tradición le hace morir apedreado por sus compañeros en Egipto. En tiempos de Jesús se creía que Jeremías tenía que volver a la tierra (Mt 16, 14). San Mateo recuerda el capítulo 31 del libro de Jeremías, que sitúa en Rama al pueblo concentrado para ser desde allí llevado al exilio: el llanto de Raquel -salida del sepulcro- y de los hijos que van al exilio es una figura de las mujeres betlemitas, que lloran a sus hijos asesinados por Herodes (Mt 2, 3). El mismo San Mateo ve explicada en la traición de Judas una profecía de Jeremías (Jer 32, 6-7; Mt 27, 10).
E. M. N.
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