Infierno
En el A. T., la palabra seol, de origen incierto, indicaba un lugar de sombras, en el fondo de la tierra, donde bajaban todos los muertos, buenos y malos, sin distinción alguna, del que no pueden subir y en el que llevaban una vida disminuida, olvidada y sin posibilidad de alabar a Dios. Este lugar fue poco a poco considerado como el reino de la muerte. Al progresar la doctrina sobre la resurrección, el seol, traducido por hades en la versión griega y usado así en el N. T. Progresivamente se va definiendo más. Se suponen ya compartimentos, que separan a los buenos de los malos (cf. Lc 16, 19-31). Cristo «bajó a los infiernos» (dogma del credo cristiano), es decir, a esta morada de los muertos, para triunfar de la muerte con su resurrección y llevar consigo en esperanza el triunfo de sus redimidos (cf. Act 2, 24-31; Ef 4, 9; 1 Pe 3, 19-21; 4, 6). Desde entonces el hades o la muerte no tiene poder y ha de soltar a sus muertos. Su poder, indirecto, sólo abarcará a los impíos, los que hayan rechazado a Jesús y su victoria. Para éstos, el castigo del hades será como el infierno, identificado a veces con la gehenna (adaptación griega del hebreo gehnnón, «valle de Hinnon»), al sur de Jerusalén, maldito por el culto idolátrico a Molok, donde la literatura judía localizaba el castigo, por el fuego, de los impíos (cf. Mt 5, 22-30; 10, 28; 23, 15; Mc 9, 4347; Lc 12, 5); lugar de suplicio de fuego (Mt 3, 12; 5, 22; 13, 42. 50; 18, 8; Mc 9, 43-47); un fuego eterno que no se acaba nunca (Mt 13, 12; 18, 8; 25, 41; Mc 9, 33. 47; Lc 3, 17), donde será el llanto y el crujir de dientes (Mt 13, 50; 24, 51), donde hay un gusano que corroe eternamente a los que allí están (Mc 9, 48), lugar, por fin, de tinieblas (Mt 8, 12; 22, 13; 25, 30). Con todo este lenguaje literario se quiere indicar el tormento espantoso que allí sufrirán los condenados. Pero el seol, el hades, el infierno o los infiernos, reino y poder de la muerte, ha sido abierto y vencido por la bajada a él de Jesucristo y por su resurrección. Desde entonces queda como infierno eterno con suplicio sólo para los que rechacen a Jesucristo. - íptica.
E. M. N.
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