Homicidio
La vida es de Dios. Sólo Dios, que nos la ha dado, nos la puede quitar. El homicidio está prohibido ya en el Decálogo (Ex 20,13; Mt 5,21). El homicida en el A. T. era también condenado. a muerte (Ex 21,12; Lev 24,17; Núm 35,33); es reo de juicio, es decir, de condenación (Mt 5,21); el diablo. es un homicida matador de hombres (Jn 8,44), como lo fue Herodes (Mt 2,26; Lc 13,31), y los labradores perversos (Mt 21,35.38.39; 12,5-7), los padres de los fariseos y doctores de la Ley, que mataron a los profetas (Lc 11,47-48); pecado del que Jesucristo acusa a Jerusalén (Mt 23,37; Lc 13,34). El pecado más grave de homicidio es el cometido contra Jesucristo (Mt 16,21; 17,23; 26,4; Mc 8,31; 9,31; 10,34; 14,1; Lc 9,22; 18,33; Jn 5,18; 7,1.19. 20.25; 8,37.40; 11,53; 12,10). Jesucristo nos advierte que no hay que temer a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, sino a Aquel que nos puede condenar al fuego de la gehenna (Mt 10,28; Lc 12,4). De hecho, Jesucristo predice que muchos de sus seguidores serán matados (Mt 24,9; Lc 21,16).
E.M.N.
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