Fuego
El fuego, el aire, el agua y la tierra eran, según los antiguos, los cuatro elementos de los cuerpos. El fuego da luz y calor, un buen símbolo del poder y de la fuerza de Dios. De hecho Dios se suele aparecer como fuego y entre fuego (Dt 5,24; Ex 3,2; 13,21; 14,24; 19,18; 1s 6,6; Ez 1,4). Jesús habla del fuego escatológico, un fuego eterno, que no se apaga nunca (Mt 18,8; 25,41; Mc 9,43. 48), con una función purificadora (Mt 3,10-12; 7,19; 13,42. 50), como instrumento del castigo eterno (Mc 9,49) e incluso con función consumidora (Mt 3,12; 13,40; Lc 3,9; Mc 9,43). Jesucristo ha venido a traer fuego a la tierra (Lc 12,49), pero no un fuego arrasador y vengativo (Lc 9,54); ha venido a traer un bautismo en Espíritu Santo y en fuego (Mt 3,11; Lc 3,16), que produzca en el hombre la conversión total en el amor.
E. M. N.
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