Enseñar
En el judaísmo la enseñanza se centra fundamentalmente en la Sagrada Escritura. El maestro, que debe ser un experto, un profundo conocedor de la Biblia, puede sentar cátedra volante. Así lo hizo Jesús, que enseñaba en la sinagoga, en el templo o al aire libre (Mt 5, 2; 9, 35; 12, 35; 13, 54; 21, 23; 26, 55; Mc 1, 21-27; 6, 2. 34; 11, 28; 12, 35; 14, 49; Lc 4, 15-31; 5, 3; 13, 26; 19, 47; 20, 1). Como era «el maestro» y estaba revestido de poder y de sabiduría divina, enseñaba con autoridad (Mt 7, 29; Mc 1, 27; 11, 28), porque su doctrina procedía de Dios (Jn 7, 16) y enseñaba como a El le enseñó el Padre (Jn 8, 28). Sus enseñanzas, como en general las de todos los maestros, iban dirigidas a dar a conocerla voluntad de Dios y a conseguir de los oyentes la obediencia a la misma. La función docente, profesionalizada ya, aparte de impartir la verdad, tenía como objetivo desmontar las falsas doctrinas (Mt 16, 12). Jesucristo se dejaba llamar «Rabí», maestro (Mt 8, 19; 22, 16; Jn 1, 38; 3, 2; 20, 16) y no quiere que sus discípulos se lo dejen llamar, porque sólo hay un maestro (Mt 23, 8). A El se acudía para que resolviese problemas y controversias de tipo jurídico (Mt 22, 24; Lc 12, 13-14). El maestro era tenido siempre en gran estima, gozaba de alto honor, como intérprete de la Ley. Jesús ordena a sus discípulos que vayan por todo el mundo enseñando su doctrina (Mt 28, 19-20). Después de Jesucristo, el verdadero maestro, el que enseñará la verdad plena, es el Espíritu Santo (Jn 14, 26; 16, 13). maestro; verdad; logos.
E. M. N.
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