Don
Don es lo que se da. Dios, como Padre bueno, da muchas cosas buenas a los hombres (Mt 7,11); entre estos dones, recibidos de Dios, los más grandes son Jesucristo, su Hijo (Jn 3,16; 4,10), y el Espíritu Santo (Lc 11,13; Jn 14,16). Jesucristo nos ha dado también muchas cosas: la filiación divina (Jn 1,12), el agua viva (Jn 4,14), el pan del cielo (Jn 6,3233), la vida eterna (Jn 10,28), la paz Un 14,27), la gloria (Jn 17,22). Pero el más preciado don que nos ha hecho ha sido su propia persona, su propia vida (Mt 20,28; Mc 10,45; Lc 22,19); nos dio, y nos sigue dando cada día, su propio cuerpo, ofrecido como banquete a través del pan y del vino (Mt 26,26-27; Mc 14,22-23; Lc 22,19; Jn 6,51). A sus apóstoles les dio el poder de hacer milagros (Mt 10,1; Mc 6,7; Lc 9,10) y autoridad para atar y desatar, para perdonar y retener (Mt 16,19; Lc 10,19). Y como El se lo dio todo gratis, ellos también han de dar gratis a los hombres (Mt 10,8) y ofrendas cultuales a Dios (Mt 5,23), y hasta la propia vida (Jn 13,37), pues El, como buen pastor, dio la vida por sus ovejas, que somos nosotros (Jn 10,11.15).
E. M. N.
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