Comida
Los judíos hacían generalmente dos comidas al día, el almuerzo y la cena (Lc 14,12), al mediodía (Jn 21,12) y por la noche (Mt 14,20; Lc 17,8; 24,30). No existían las mesas; se comía sentado o tumbado en el suelo, a lo sumo sobre una alfombra o en alto, apoyado en divanes o en almohadones y sobre el brazo izquierdo (Mt.14,19; 15,27; Jn 13,23.26). Las comidas ordinarias eran frugales y a base de pan, que repartía el jefe de la familia. La carne y el vino se reservaba para los banquetes (Mt 14,6; 22,2; Lc 15,22.32; Jn 2,1). Invitar a comer es signo de cortesía y de hospitalidad (Lc 7,3650); en la comida se estrechan las relaciones, los lazos de amistad (Lc 19, 2-10); es un clima apto para perdonar las ofensas; por eso Jesucristo comía con los pecadores (Lc 15,1-2). La eterna felicidad celeste se simboliza como la participación en un banquete común (Mt 8,11; Lc 13,29). Jesucristo nos emplaza a participar con él y con su Padre en este gozoso banquete (Mt 26,29; Lc 22,30). Los acuerdos, los contratos y los pactos se solían hacer, ya desde la antigüedad, en torno a una comida (Gén 26,30; 31,54). La Antigua Alianza se concluyó con un sacrificio seguido de una comida (Ex 24,5). Jesucristo instituye la Nueva Alianza también en una cena (Mt 26,27-29; Mc 14,22-25).
E. M. N.
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