Cojo
La cojera, al igual que la ceguera, era frecuente en Palestina («ni cojo ni ciego entrarán en la casa»: 2 Sam 5, 6-9). Los cojos no podían ser sacerdotes (Lev 21,18) y los animales cojos no eran aptos para ser ofrecidos en sacrificio (Dt 15,21). En los tiempos mesiánicos, «el cojo brincará como un ciervo» (Is 35,6). Jesús vino a invitar al banquete de su reino a los pobres, tullidos, cojos y ciegos (Lc 14,13.21); hizo múltiples curaciones de cojos (Mt 15,30; 21,14), como una señal de que los tiempos mesiánicos habían llegado con El (Mt 11,1-6; Lc 7,18-23). El reino de Dios exige a veces sacrificios heroicos significados en esta frase de Jesús: "Si tu mano o tu pie te escandalizan, córtatelos, que mejor es entrar en la vida manco o cojo que con manos y pies ser arrojados al fuego eterno" (Mt 18,8; Mc 9,45).
E. M. N.
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