Amistad
«Un amigo fiel es apoyo seguro; el que lo encuentra, encuentra un tesoro. Un amigo no se paga con nada... Un amigo fiel es bálsamo de vida» (Eclo 6,14-16). La Biblia ensalza sobremanera al amigo fiel, que es «como otro tú» (Eclo 6,11). Dice que la amistad buena debe ser bien cuidada (Eclo 6,17). Pero hay también amistades vanas, de pura conveniencia. Los ricos tienen muchos amigos, y los pobres, pocos (Prov 14,20). El hombre, pues, debe ser cauto al elegir las amistades, pues las hay que arrastran al mal (Dt 13,7; Eclo 12,14). El modelo de amistad se encuentra en la Alianza generosa, llena de fidelidad y amor, que Dios selló con sus amigos, Abrahán, Moisés, y con el pueblo elegido. Dios nos demostró su amistad enviando a la tierra al Hijo amado (Tit 3,4). Jesús, en una de sus parábolas, describió a su Padre como un amigo paciente, que aguanta a un amigo —importuno e impertinente, al que termina por concederle lo que pide (Lc 11,5-8). Al fin de cuentas, ¿la amistad no es un servicio? No sólo ensalzó la amistad, sino que El mismo la cultivó: amó al joven rico (Mc 10,21); era amigo íntimo de - Lázaro y de sus hermanas (- Marta) (Jn 11,3ss); compartió su vida ministerial con un grupo de amigos (Mc 3,14), a los que dice: «Vosotros sois mis amigos» (Jn 15,14). La amistad, que El proclama, debe ser tan fuerte, que hay que estar dispuesto incluso a dar la vida por el amigo (Jn 15,13). Con el amigo fiel hasta se debe pensar en voz alta, y, desde luego, no debe mediar secreto alguno. Jesús les cuenta todo lo que sabe, les revela los secretos del Padre (Jn 15,16), porque ellos le han demostrado su fidelidad en las pruebas dolorosas (Lc 22,28). Dentro del grupo, Jesús tuvo una amistad especial con tres: Pedro, Santiago y Juan (Mt 17,1-13; 26,36-40; Mc 5,37; 9,2; Lc 9,28-36), y una amistad especialísima con Juan, su amigo más íntimo, el predilecto, el más querido (Jn 13,23). - ípulo amado; discípulo amado y Pedro; amigos.
E. M. N.
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