Amén
Es una palabra hebrea que significa «sí, ciertamente, verdaderamente, con toda seguridad», y que ha pasado al griego, al latín y al castellano sin ser traducida. Decir «amén» es aceptar, ratificar lo que se acaba de proclamar o de decir. La raíz hebrea indica firmeza, solidez, seguridad. En el A. T. aparece incluso como nombre propio de Dios. Dios es «el Amén», porque es el Dios de la firmeza, de la verdad, de la fidelidad, siempre el mismo, el inmutable (cf. Is 65,16). Jesús es el amén del Padre (Ap 3,14), porque a través de El, el Padre realiza en plenitud la verdad y la fidelidad de sus promesas y manifiesta que en El no hay sí y no, sino únicamente sí (2 Cor 1,19). Jesús acostumbraba a prolongar sus declaraciones solemnes con un «amén», para indicar que sus palabras eran verdaderas, que antes que ellas dejen de cumplirse, pasarán el cielo y la tierra (cf. Mt 5,18; 18,3; Lc 24,53). San Juan emplea un «amén» redoblado para dar todavía más firmeza a sus palabras (Jn 1,51; 3,5; 5,19). En la liturgia cristiana el «amén» se emplea como una aclamación, con la que la asamblea se une al que preside la oración como adhesión total a cuanto se acaba de decir (cf. 1 Cor 14,16). - .
E. M. N.
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