Sixto IV (9 agosto 1471 - 13 agosto 1484)
Personalidad y carrera eclesiástica. Francisco della Rovere nació en Abisola, cerca de Savona, el 21 de julio de 1414. Hijo de Leonardo, pequeño comerciante, y de Luchina Monleone, descendiente de la vieja nobleza genovesa. Algunos escritores afirman que era de origen humilde y que fue adoptado por el rico genovés Paulo Riario, que después se uniría con los Della Rovere del Piamonte. A los nueve años entró en el convento de San Francisco de Savona, hizo los primeros estudios, y a los 15 años profesó en la orden franciscana. Después de estudiar en Bolonia, Pavía y Padua, donde se doctoró en teología, enseñó esta disciplina y filosofía en Padua, Bolonia (donde conoció a Besarión, que se convertiría en su amigo y protector), Florencia, Perugia y Siena. La preparación y elocuencia que demostró en el capítulo general que la orden celebró en Genova el año 1434, le permitieron escalar los más altos cargos de gobierno en la orden: procurador general, ministro provincial de la Liguria, vicario general de Italia y en 1464 ministro general de la orden. Nombrado cardenal del título de San Pedro ad vitícola el 18 de septiembre de 1467, renunció al generalato dos años después. A la muerte de Paulo II, después del cuarto día de cónclave y gracias al apoyo del partido filomilanés, fue elegido papa por su formación teológica, su vida intachable y su capacidad de mediador. Tomó el nombre de Sixto IV y fue coronado el 25 de agosto.
De acuerdo con la capitulación electoral, que preveía continuar la guerra contra los turcos, envió legados a los distintos reinos para organizar la cruzada, pero los príncipes cristianos, empeñados en luchas internas, no escucharon la llamada. La flota organizada con la ayuda de Nápoles y Venecia se limitó a conquistar Esmirna (1472), pero no consiguió frenar el empuje otomano.
Las relaciones con los príncipes católicos y el mecenazgo. Sixto IV tuvo duros enfrentamientos con los reyes de Castilla y Aragón por el problema de las provisiones episcopales de sus reinos, máxime después de la condescendencia que en este punto habían mostrado los pontífices anteriores y los principios establecidos en la concordia de Segovia de 15 de enero de 1475 sobre el nombramiento de prelados. Después de largas negociaciones, se llegó al acuerdo de 3 de julio de 1482, por el que Roma admitió las provisiones propuestas por la reina Isabel (1474-1504). A juicio de Azcona (La elección y reforma del episcopado español en tiempo de los Reyes Católicos, Madrid, 1960), este acuerdo solucionó cuestiones de hecho pero dejó intacta la cuestión de derecho, pues la Santa Sede no concedió ningún derecho de presentación de obispados. Más éxito tuvieron los Reyes Católicos al obtener de Sixto IV la bula Exigit sincerae devotionis (1 noviembre 1478) que les autorizaba a nombrar inquisidores para vigilar la ortodoxia de los conversos.
Con los Estados italianos trató de mantener una política de alianzas y equilibrios, pero los intereses enfrentados de los príncipes y la actuación intrigante de los nepotes del papa, Juliano della Rovere, Pedro Riario y, después de su muerte, de Jerónimo, hicieron inviable la alianza. El año 1475 se celebró el año jubilar y se restableció la alianza con Ferrante de Nápoles, pero las relaciones entre los Estados italianos empeoraron. Lorenzo de Médicis (1469-1492) pretendía conquistar la Umbría y Romagna, aliándose con Venecia y Milán, y Sixto IV, queriendo destruir a los Médicis y mal aconsejado por Jerónimo Riario y el arzobispo de Pisa, dio su asentimiento a la conspiración de algunas familias florentinas guiadas por los Pazzi contra los Médicis que gobernaban Florencia. Aunque el papa se había opuesto a cualquier derramamiento de sangre, el 28 de abril de 1478 Juliano de Médicis fue asesinado en la catedral durante la misa, pero su hermano Lorenzo escapó al atentado y se vengó de los conspiradores. Con el pretexto de la muerte del arzobispo de Pisa y la prisión del cardenal nepote Sansoni Riario, Sixto IV lanzó la excomunión contra Lorenzo de Médicis y el entredicho contra Florencia. El enfrentamiento con Florencia, a quien apoyó Luis XI de Francia (1461-1483), que amenazó con la convocatoria de un concilio, y la conquista de Otranto por los turcos (1480), obligaron al papa a firmar la paz con los Médicis y revocar todas las censuras.
La figura y la obra de Sixto IV ha sido muy controvertida. Se observa una contradicción en su conducta, sencilla e intachable antes de la elección y después cínica y violenta, quizás por el influjo nefasto de los nepotes. García-Villoslada (Historia de la Iglesia católica, III, Madrid, 1960, pp. 393-410) afirma que una de las acusaciones más graves que se le hacen es por el desaforado nepotismo que practicó, cuyo objetivo no era sólo promocionar a su familia, sino transformar el Estado de la Iglesia en un principado, reforzando el poder del papa en un sentido monárquico para convertirse en un soberano absoluto. Roma se transformó en la capital del principado, donde el papa concentró el poder religioso, político y militar, gracias al control del ejército por personas fieles por vínculos familiares o institucionales.
Sixto IV protegió las artes y las letras. La Biblioteca Vaticana vio incrementar considerablemente sus fondos, dotándola de sede y rentas, y abriéndola al público bajo la dirección de Bartolomco Platina con la bula Ad decorem militantis Ecclesiae de 15 de junio de 1475. Hizo importantes obras en Roma, como se puede leer en multitud de inscripciones conmemorativas; restauró el puente Sixto y el hospital de Santo Espíritu, trazó y pavimentó varias calles, construyó y restauró muchas iglesias y, sobre todo, la capilla Sixtina, decorada, entre otros, por Boticcelli, Ghirlandaio, Pinturicchio, el Perugino y Signorelli, que dejaron hermosos frescos representando las figuras de los papas y escenas de la vida de Moisés y de Cristo.
En el ámbito eclesiástico apoyó a los franciscanos y protegió a los mendicantes, intentó reformar a los conventuales, introdujo algunas modificaciones en la Rota, confirmó la orden de los mínimos fundada por san Francisco de Paula, potenció la devoción a la Virgen María y fue demasiado generoso en conceder indulgencias y privilegios. Murió el 13 de agosto de 1484 y fue sepultado en la capilla de la Concepción de la basílica de San Pedro.
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