Sergio IV (31 julio 1009 - 12 mayo 1012)
Pedro, hijo de un zapatero del mismo nombre y de su esposa Estefanía, era obispo de Albano. También fue designado por Juan Crescencio. Se le conocía por el apodo de «hocico de cerdo». Cambió su nombre de acuerdo con la costumbre que impedía a los papas usar el mismo del príncipe de los Apóstoles, un hábito que se ha mantenido hasta hoy. Conservó las buenas relaciones con Enrique II, al que apoyaba en sus esfuerzos de reconstrucción de la Iglesia alemana. Legados pontificios estuvieron presentes en la consagración de la catedral de Bamberg. Los privilegios y posesiones de la de Merseburgo fueron reforzados. Se dio mucha importancia a la canonización de Simeón de Siracusa, un popular ermitaño que vivió en las inmediaciones de Tréveris. En este tiempo llegó a Roma la noticia de que el califa al-Hakam había destruido la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Una leyenda, forjada más tarde, señala a Sergio como el primer príncipe que incitó a los caballeros feudales a organizar una cruzada para recobrarla. De hecho, se estaba produciendo un estímulo a las ciudades marítimas italianas que recobraban el control del Mediterráneo.
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