Péo IV (25 diciembre 1559 - 9 diciembre 1565)
Personalidad y carrera eclesiástica. Juan Ángel Médicis nació en Milán el 31 de marzo de 1499. Hijo de Bernardino Médicis y Cecilia Serbelloni, no tenía ninguna relación de parentesco con los Médicis de Florencia. Estudió derecho en Pavía y después en Bolonia, donde se doctoró en ambos derechos en 1525. Dos años después consiguió entrar en la curia romana y comenzó la carrera eclesiástica. Clemente VII le concedió el cargo de protonotario apostólico; Paulo III le designó sucesivamente gobernador de Ascoli, Cittá di Castello y Ancona, el 14 de diciembre de 1544 le otorgó el arzobispado de Ragusa y el 8 de abril de 1549 le nombró cardenal presbítero del título de Santa Prudenciana. Julio III le envió como legado a la Romagna y le nombró jefe de las tropas pontificias contra Octavio Farnesse. Durante el pontificado de Paulo IV vivió largo tiempo alejado de Roma por incompatibilidad con el pontífice.
A la muerte de Paulo IV, tras un cónclave de grandes tensiones, que se prolongó casi cuatro meses y en el que los cardenales estaban divididos en tres partidos (el español, el francés y el que se formó en torno al cardenal Carlos Caraffa, constituido por los purpurados creados por Paulo IV), el 25 de diciembre de 1559 fue elegido papa el cardenal Médicis. Tomó el nombre Pío IV y fue coronado en la forma acostumbrada el día de la Epifanía. Su formación y experiencia le convirtieron en buen conocedor del derecho, de la administración y de las finanzas. De carácter firme, supo mostrarse también hábil diplomático y conciliador.
A pesar de ser partidario declarado de la reforma, comenzó su pontificado practicando el nepotismo. En la primera promoción de cardenales (31 enero 1560) concedió la púrpura a dos sobrinos: Marcos Sittich de Altemps y Carlos Borromeo. El primero tenía más madera de guerrero que de clérigo; en cambio, el segundo fue el predilecto del papa. El 7 de febrero le nombró arzobispo de Milán, luego legado de Bolonia y de Romagna, encargado del gobierno de los Estados de la Iglesia y secretario privado del papa en calidad de cardenal nepote. Borromeo (1538-1584) fue el principal consejero del papa y dio pruebas de gran inteligencia y buen administrador, además de hombre religioso, sin renunciar por ello, al menos en los primeros momentos, al estilo de vida fastuoso propio de su rango. Después de la muerte de su hermano en 1562, comenzó a practicar una vida de austeridad y apoyó de forma activa los esfuerzos reformadores del pontífice.
Al principio de su pontificado reconoció la dignidad imperial conferida a Fernando I (1556-1564) y recibió honoríficamente a sus legados. Fernando I fue el primer emperador reconocido por el papa sin previa ceremonia de coronación y esto contribuyó a mejorar sensiblemente las relaciones entre el papado y los Habsburgo.
El destierro que Paulo IV había impuesto a sus sobrinos se consideraba un castigo muy leve ante los crímenes cometidos. Por ello, Pío IV inició un proceso contra ellos. En junio de 1559 fueron arrestados y encerrados en el castillo de Sant’Angelo los cardenales Carlos y Alfonso Caraffa, Juan Caraffa, duque de Paliano y conde de Montorio, y otros caballeros de su séquito, acusados de robo, violencia, homicidio de la duquesa de Paliano, felonía, abuso de poder y lesa majestad. Carlos y Juan fueron condenados a muerte y sus bienes fueron confiscados, y Alfonso salvó la vida pagando una fuerte multa. Por otra parte, el cardenal Morone, al que Paulo IV había detenido y formado un proceso por sospecha de herejía, fue declarado inocente y puesto en libertad. Y lo mismo hizo con el obispo de Módena Fiescherati, también procesado y detenido por Paulo IV.
La conclusión del Concilio de Trento. De acuerdo con la capitulación electoral, por la que el papa electo se comprometía a reanudar el Concilio de Trento, Pío IV convocó el concilio para la Pascua de Resurrección de 1561, aunque no se celebró la primera sesión general hasta el 17 de enero de 1562. En esta última fase se celebraron nueve sesiones y se promulgaron decretos de gran importancia, tanto de carácter doctrinal (eucaristía, sacramentos del orden y del matrimonio, purgatorio y culto de los santos), como disciplinar (todo lo referente a la reforma del clero secular, obispos, cardenales y clero regular). Antes de concluir, el día 4 de diciembre de 1563, los padres conciliares confirmaron todas las definiciones y decretos que se habían promulgado a lo largo de las tres fases del concilio, y el cardenal Morone, como legado papal, declaró concluido el concilio que, al decir de Pastor Historia de los papas, XV, Barcelona, 1937, p. 356), «echó los cimientos de una verdadera reforma y estableció de un modo comprensivo y sistemático la doctrina católica».
El 26 de enero de 1564 Pío IV confirmó íntegramente los decretos conciliares con la bula Benedictus Deus y estableció una congregación de ocho cardenales para que cuidara de su aplicación e interpretación. El papa completó la obra del concilio con la publicación de un nuevo índice de libros prohibidos (24 marzo 1564), que reducía sensiblemente el número de los prohibidos por Paulo IV, y con la conclusión del Catecismo romano, preparado por el concilio y que fue publicado después de su muerte, al igual que sucedió con la reforma del breviario y del misal.
En junio de 1564 Pío IV y el cardenal nepote Borromeo comenzaron a dar ejemplo de la reforma in capite simplificando su estilo de vida e imponiéndola a todos los cardenales. Carlos Borromeo dejó Roma en 1565 para hacerse cargo de la dirección de la diócesis milanesa, donde se mostró un pastor infatigable. Pío IV recordó con insistencia a los obispos la obligación de residencia, y con la bula In principis apostolorum sede (17 febrero 1565) revocó todos los privilegios contrarios a los decretos tridentinos.
Se preocupó de que los decretos tridentinos fueran aceptados por todos los Estados cristianos. España, Portugal, Polonia y algunos Estados italianos lo hicieron con algunas reservas. El emperador Fernando I solicitó que en la nación germánica se permitiera la comunión bajo las dos especies y el matrimonio de los sacerdotes. El 16 de abril de 1564 se le concedió lo primero, pero no lo segundo por la firme oposición del rey de España Felipe II (1556-1598). Sin embargo, pocos años después se descubrió que el privilegio de la comunión bajo las dos especies, lejos de contribuir a la recuperación de la fe católica, no hacía más que enardecer los enfrentamientos con los luteranos. Por esto Pío V y Gregorio XIII revocaron el indulto y se restableció la antigua disciplina. Más dificultad hubo en Francia, donde se admitieron sin limitación ninguna los decretos dogmáticos, rechazando los disciplinares, aunque de hecho muchos obispos los fueron introduciendo en sus diócesis.
En las diferentes promociones que hizo en su pontificado, Pío IV elevó al cardenalato a cuarenta y seis personas insignes por la sangre, el mérito, el talento o la piedad. Es cierto que los primeros nombramientos fueron para dos nepotes del papa, pero ya en la segunda promoción figuraron los nombres de las familias más ilustres de Europa y los títulos de insignes prelados. Y después de clausurar el concilio, concedió el capelo a las personas que más contribuyeron a su éxito.
Pío IV también desempeñó un papel importante en la historia del arte como gran mecenas. Hizo que Pirro Ligorio completase en el Vaticano el cortile del Belvedere y edificase el gran nicho en el que se encuentra desde Paulo V la vieja pina, mencionada ya por Dante. El domingo de carnaval de 1565, con motivo del matrimonio del conde Aníbal de Hohenems con Hortensia Borromeo, se inauguró el gigantesco patio con un gran torneo. Pero nada ha inmortalizado tanto el nombre de este papa como el Casino, construido por Pirro Ligorio en los jardines del Vaticano, que para Burckhardt es «el lugar más hermoso para pasar la tarde» de cuantos puede mostrar la arquitectura moderna. También logró que Miguel Ángel proyectase la Porta Pia, y que en las termas de Diocleciano levantase la iglesia de Santa María de los Ángeles, en la que se encuentra el sepulcro del papa.
Pío IV murió en Roma el 9 de diciembre de 1565, contando más de 66 años de edad. Fue asistido por su sobrino Borromco (1538-1584) y por Felipe Neri (1515-1595). Su cuerpo fue llevado a la basílica de San Pedro y depositado en un túmulo provisional, hasta que el 4 de junio de 1583 fue trasladado a su descanso definitivo en la iglesia de Santa María de los Ángeles.
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