Paulo V (16 mayo 1605 - 28 enero 1621)
Personalidad y carrera eclesiástica. Camilo Borghese nació en Roma el 17 de septiembre de 1552 en el seno de una familia de origen sienes que se había establecido en Roma durante el pontificado de Paulo III. Hijo de Marcantonio, decano de los abogados consistoriales, y de Flaminia Astalli, Camilo estudió filosofía en la Universidad de Perugia y derecho en Padua, donde consiguió el doctorado. Volvió a Roma y sucedió a su padre en el cargo de abogado consistorial, luego ocupó los puestos de refrendatario del tribunal de la Signatura, vicario de Santa María la Mayor y vicelegado de Sixto V en Bolonia. En 1593 Clemente VIII le nombró legado extraordinario ante Felipe II y, a su retorno, el 15 de junio de 1596 le concedió la púrpura cardenalicia; al año siguiente le nombró obispo de Jesi y en 1603 se convirtió en el cardenal vicario de Roma.
A la muerte de León XI (27 abril 1605) el cónclave se encontraba aún más dividido que el anterior. Los españoles presentaron la candidatura del cardenal Sauli, con la que estaban conformes los franceses, pero Aldobrandini la rechazaba porque Sauli se había opuesto antes a la elección de Clemente VIII y seguía apoyando a Baronio, rechazado por los españoles. Después de varios días en que las candidaturas de Baronio y Tosco no cuajaron por la oposición de uno u otro partido, los cardenales se pusieron de acuerdo en torno al cardenal Borghese, que por modestia o por estrategia se había mantenido al margen hasta aquel momento, a pesar de que gozaba de una pensión española desde su embajada en Madrid. El 16 de mayo de 1605 fue elegido papa Camilo Borghese y tomó el nombre de Paulo V, en recuerdo de Paulo III que había protegido a su padre. A diferencia de los papas anteriores, que solían dejarse toda la barba, Paulo V fue el primero que sólo se dejó una pequeña perilla, cosa en la que le imitaron sus sucesores hasta Inocencio XII. El nuevo papa era un hombre muy reflexivo, que odiaba la precipitación, por lo que la solución de los problemas avanzó con gran lentitud.
Las relaciones diplomáticas. La política de Paulo V descansó sobre el principio de la neutralidad en los enfrentamientos hispano-franceses, haciendo llamamientos a la unidad de los príncipes católicos contra la amenaza de los turcos, a la vez que defendió los derechos de los católicos frente a los protestantes. En Inglaterra, después del fracaso de la conspiración de la pólvora (1605), empeoró la situación de los católicos, que fueron obligados a prestar un nuevo juramento de fidelidad. En Alemania se produjo un recrudecimiento de las luchas confesionales. En 1608 los príncipes protestantes del Imperio formaron la Unión Evangélica y, al año siguiente, los católicos respondieron con la organización de la liga, capitaneada por Maximiliano de Baviera. A su vez, el emperador Matías (1612-1619), empujado por el partido católico, ordenó en 1617 la destrucción de las iglesias que los protestantes habían levantado en Klostergrab, lo que dio origen a la rebelión de Bohemia con la defenestración de Praga (23 mayo 1618), iniciándose la guerra de los Treinta Años. Paulo V prestó ayuda financiera al nuevo emperador Fernando II (1619-1637), que había estudiado con los jesuítas en Ingolstadt y era defensor de la reforma católica, y a la liga, pero sólo pudo ver la victoria de la Montaña Blanca (8 noviembre 1620) que permitió restablecer el culto católico en Bohemia y en Moravia.
El grave enfrentamiento que Paulo V tuvo con la república de Venecia hay que encuadrarlo en la defensa de las inmunidades de la Iglesia, ratificadas en Trento, y los derechos que reclamaban los Estados modernos. Dos leyes promulgadas en Venecia en 1604 y 1605, antes de la elección de Paulo V, prohibiendo la erección de iglesias o conventos sin el consentimiento del Senado y la adquisición de propiedades inmuebles a los eclesiásticos, desataron el conflicto. éste se agravó con la detención de dos clérigos que la república no quiso entregar a los tribunales eclesiásticos, violando el principio de la inmunidad eclesiástica defendido en Trento, que ordenaba que los eclesiásticos fueran juzgados exclusivamente por tribunales eclesiásticos. El 17 de abril de 1606, Paulo V amenazó con el entredicho a la república de Venecia, pero ésta rechazó la amenaza, encargó al teólogo Paolo Sarpi la defensa de la independencia del Estado en el ámbito temporal y prohibió que se publicase el entredicho. El conflicto eclesiástico-político se trocó entonces en una controversia de principios sobre las relaciones entre el poder eclesiástico y el civil. La mediación de Francia y el temor de que Venecia cediera al protestantismo puso fin al enfrentamiento el 17 de abril de 1607. Paulo V levantó las censuras y Venecia liberó a los dos eclesiásticos. Pero este hecho dejó patente que ya no se podía imponer en todos los asuntos el derecho canónico, porque las circunstancias habían cambiado de modo radical (L. Pastor, Historia de los papas, XXV, pp. 91-167). El papa tuvo que revocar el entredicho sin que Venecia cediera en el punto principal. Aquel entredicho fue el último que se ha pronunciado contra un Estado.
La actividad religiosa. La acción religiosa de Paulo V se centró en la continuación de la reforma católica, en el apoyó a las misiones y en la controversia de auxiliis. Paulo V vigiló la aplicación de los decretos del Concilio de Trento, particularmente los referentes a la residencia de los obispos y a la clausura de los regulares. Aprobó la Congregación del Oratorio de Francia, fundada en 1611 por De Bérulle, futuro cardenal; en 1614 publicó un nuevo Breviario romano, procedió a la canonización de santa Francisca Romana (1608) y de san Carlos Borromeo (1610), y a la beatificación de los grandes protagonistas de la reforma católica del siglo anterior: san Ignacio de Loyola (1491-1556), san Francisco Javier (1506-1552), santa Teresa de Ávila (1515-1582) y san Felipe Neri (1515-1595).
Durante su pontificado la expansión misionera ofrece un espectáculo esperanzados En América, bajo la protectora tutela del dominio español, continuó avanzando la labor evangelizadora de los misioneros. En Filipinas, con los trabajos de franciscanos, jesuitas, dominicos y agustinos, progresó rápidamente el catolicismo. En Japón, donde se habían producido muchas conversiones, estalló en 1614 una sangrienta persecución que casi aniquiló a la nueva cristiandad. También en China se desató una furiosa persecución en 1616.
Una de las preocupaciones de Paulo V fue dar solución a la controversia de auxiliis, pero después de celebrar dieciséis congregaciones, lo dejo en suspenso imponiendo silencio a ambas partes. El 28 de agosto de 1607, Paulo V dio por terminada la controversia, declarando que ambas partes quedaban en libertad de sostener y enseñar sus respectivas opiniones, pero en forma mesurada y con la prohibición de acusar de herejía al contrario.
Nepotismo y mecenazgo. Por desgracia, Paulo V no se mostró inmune al nepotismo, que además convirtió a su familia entre las principales de Roma. El hijo de su hermana Ortensia, Escipión Caffarelli, fue creado cardenal el 18 de julio de 1605 y desempeñó el papel de cardenal nepote. Las elevadas rentas que percibía de los beneficios y pensiones de Francia y España permitieron al cardenal Borghese llevar una vida de ostentación y fomentar las artes, construyendo el palacio y la espléndida Villa Borghese. El segundo sobrino, Marco Antonio Borghese, se convirtió en el jefe del nuevo linaje: en 1616 adquirió el principado de Sulmona en el reino de Nápoles y en 1620 se convirtió en el general del ejército de los Estados Pontificios. Durante el pontificado de Paulo V su familia se elevó al rango de las antiguas familias de los Colonna y Orsini, y muy pronto superó en riqueza y en poder a las familias de Sixto V y Clemente VIII. Sin embargo, aunque Paulo V se rodeó de familiares, al igual que habían hecho sus predecesores, conservó celosamente su autoridad, confiando a su nepote las funciones propias de un ministro principal.
El mecenazgo de Paulo V y de sus sobrinos posibilitó la realización de grandes obras arquitectónicas y urbanísticas que enriquecieron Roma. Entre 1607 y 1617 puso fin a la basílica de San Pedro e hizo esculpir una monumental inscripción en la fachada, en la que se proclama la terminación de la misma «para honra de los príncipes de los Apóstoles por obra de Paulo V, de la familia romana de los Borghese». En la basílica de Santa María la Mayor hizo levantar la capilla Paulina para su enterramiento. El año 1612 mandó construir un acueducto para surtir de agua al barrio del Trastévere, que se denominó Acqua Paolina. Amplió el palacio Borghese y dispuso que los archivos de la Santa Sede se colocaran en el Vaticano.
Paulo V, que reforzó considerablemente la reforma católica, murió en Roma el 21 de enero de 1621. Sepultado provisionalmente en San Pedro, más tarde fue trasladado por su sobrino, el cardenal Borghese, a la capilla Paolina en la basílica de Santa María la Mayor.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.