Pascual I, san (24 enero 817-11 febrero 824)
«Ordinario Imperii». Presbítero y abad del monasterio de San Esteban, cercano a San Pedro, Pascual había nacido en Roma. Fue elegido el mismo día de la muerte de su antecesor y consagrado sin pérdida de tiempo; tales prisas demuestran que se trataba de evitar toda clase de interferencias. Comunicó a Luis su elección, asegurando que nada había hecho para conseguirla. El emperador le remitió un ejemplar del Privilegium que significaba concesiones en favor de la Sede Apostólica. Confirmaba el Patrimonium Petri, garantizaba la no intervención en las elecciones pontificias y, asimismo, que la autoridad imperial no intervendría en el gobierno y administración de los dominios de la Iglesia, salvo a petición de ésta. El único compromiso era el de comunicar al emperador el resultado de la elección. Hasta el 823 el acuerdo se mantuvo sin dificultad: aparecen mencionados con frecuencia nuncios de ambas partes.
El mismo año 817, como consecuencia de un accidente, Luis el Piadoso pudo ser convencido por sus consejeros de la necesidad de regular el orden sucesorio, puesto que el esquema de la costumbre germánica reconocía derechos hereditarios a todos los hijos. La Ordinatio Impertí que entonces se promulgó, afirmaba que la Iglesia e Imperio estaban dotados por voluntad de Dios de esencial unidad y no podían ser divididos. De este modo sólo el mayor de los hijos, Lotario (817-855), sería emperador: sus hermanos Pipino (817-839) y Luis (817-876) (aún no había nacido Carlos el Calvo) poseerían reinos supeditados a la superior autoridad del Imperio. En compañía de Wala, Lotario bajó a Italia a principios del 823 y Pascual I le invitó a trasladarse a Roma para proceder a su coronación. Estaba ya firme el principio de que únicamente en Roma y de manos del papa se recibe la corona que hace a un rey emperador. En esta ocasión Pascual regaló a Lotario una espada, símbolo de la fuerza que se necesita para erradicar el mal.
Poder en Roma. Una vez en Roma y coronado emperador, Lotario decidió enmendar la generosidad de su padre, recuperando poderes, especialmente judiciales, en las provincias del Patrimonium, que consideraba parte de su Imperio. Comenzó por atraerse a la nobleza senatorial romana, convertida ahora en partido franco, cuyos jefes eran el protonotario Teodoro y el nomenclátor León. Como una prueba de su poder, emitió una sentencia que liberaba a la abadía de Farfa de su dependencia respecto a la sede romana. Apenas hubo Lotario abandonado Roma, los consejeros del papa provocaron una violenta reacción: León y Teodoro, presos, perdieron los ojos y fueron degollados. En la corte de Lotario se trató de hacer de Pascual el responsable de tales muertes. El papa prestó juramento exculpatorio: nada había tenido que ver con las ejecuciones, pero añadió que no debían considerarse injustas, pues se habían provocado motines.
Con la llegada de León V (813-820) al trono de Bizancio, rebrotaba la iconoclastia. Teodoro de Studion solicitó la intervención del papa. Era ya muy poco lo que Pascual podía hacer en este asunto: con la creación del Imperio de Occidente se había alzado una barrera de separación entre Oriente y Occidente. Abrió desde luego las puertas de Roma a los monjes griegos que huían de la persecución, contribuyendo indirectamente a un florecimiento del arte. Las grandes obras que el propio Pascual estimuló en Roma (Santa Práxedes, Santa María in Domenica, Santa Cecilia en el Trastévere) revelan que la capital de la Iglesia estaba bien dotada de talleres y artistas, con tendencia a un academicismo arcaizante, pero de una calidad que contrasta con la pobreza imperante en el resto de Europa.
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