Marcelo II (9 abril 1555 - 1 mayo 1555)
Marcelo Cervini di Spannochi nació en Montepulciano el 6 de mayo de 1501. Su fama de hombre de letras le posibilitó entrar de secretario del cardenal Farnese y, cuando su protector ocupó la silla de san Pedro con el nombre de Paulo III, le concedió el obispado de Nicastro y le nombró cardenal (1539). Poco después desempeñó el papel de legado a latere junto al rey de Francia, Francisco I, y junto a Carlos V. Al regresar a Roma, recibió el obispado de Reggio, nombrando administrador de la diócesis a Santiago Laínez. En 1545 recibió el encargo de presidir el Concilio de Trento en nombre del papa y pasó a Bolonia cuando el pontífice ordenó su traslado. Los decretos sobre la justificación y la residencia de los obispos fueron en parte obra suya y en 1548 hizo imprimir en Bolonia los decretos conciliares. Después de la suspensión del concilio volvió a Roma y fue el primer cardenal bibliotecario. A su interés y trabajo debe la Biblioteca Vaticana muchos de sus manuscritos y obras impresas.
El cónclave que siguió a la muerte de Julio III, a pesar de las maquinaciones del cardenal Hipólito del Este, hijo de Lucrecia Borja, eligió de forma unánime a Marcelo Cervini, por su integridad de vida y celo reformador, el 10 de abril de 1555. Conservó el nombre de Marcelo y al día siguiente fue coronado en San Pedro y presentado al pueblo.
Sus primeros actos de gobierno hicieron concebir grandes esperanzas a los que anhelaban la reforma. Los miembros de su familia permanecieron en Montepulciano y no quiso conceder ninguna prebenda a dos sobrinos que estudiaban en Roma. Sólo, de acuerdo con la costumbre, nombró a miembros de su familia para los cargos de castellano de Sant’Angelo y capitán de la guardia pontificia. Pero las esperanzas se vieron truncadas. A los diez días de su nombramiento cayó enfermó y el primero de mayo murió, después de veintiún días de pontificado. Su cadáver fue sepultado en la basílica de San Pedro. El secretario Massarelli escribió en su diario del concilio (II, 261): «¡Oh infortunado papa, que apenas ha tocado la tiara! ¡Infortunados nosotros, que con toda razón nos prometíamos tantas cosas buenas y magníficas de un papa tan santo, para gloria de Dios!»
El breve pontificado de Marcelo II quedó inmortalizado en la Misa papae Marcelli que Palestrina compuso en su honor, aunque no fue publicada hasta
1567.
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