Juan XIX (19 abril 1024 - 20 octubre 1032)
Persona discutida. Se trata del hermano de Benedicto, que hasta entonces ejerciera las funciones de cónsul. Hubo de recibir todas las órdenes porque se trataba de un laico. Nuevamente quedaron en olvido aquellas cláusulas que determinaban que tuviera que haber un plácet previo del emperador. El cronista Raúl de Glaber, que tiene empeño en trazar una aureola siniestra en torno a su persona, afirma que repartió mucho dinero entre el clero y el pueblo para asegurar su elección; añade que durante el primer año de su pontificado recibió una embajada de Basilio II, «Macedónico» (963-1025), que mediante espléndidos donativos y ofertas trataba de obtener el reconocimiento de «ecuménico» para el patriarca de Constanlinopla, equiparándolo de este modo al papa y dividiendo por este medio a la Iglesia en dos partes absolutamente iguales, y que, movido por la codicia, Juan estuvo a punto de ceder, aunque se lo impidieron los cluniacenses. De todas estas noticias, propagandísticas en favor del Imperio, piensa II. E. J. Cowley (The Cluniacs and the Grogorian Reform, Oxford, 1970) que debe ser retenido al menos un dato. Contra lo que Tellenbach y la escuela de Friburgo sostuviera, la orden de Cluny no fue neutral en todo este proceso: ella estaba implicada en el refuerzo de la autoridad del papa precisamente porque la culminación de su empresa dependía de la supremacía romana. Juan XIX completó la inmunidad de la gran congregación eximiéndola de las sentencias de excomunión y entredicho pronunciadas por los obispos.
Relevo en el Imperio. Había muerto, en 1024, san Enrique. Conrado II, que no tenía sus mismas aspiraciones espirituales, viajó a Italia, para posesionarse del reino lombardo y luego ser coronado emperador en San Pedro (26 de marzo de 1027). A esta ceremonia, que tuvo un gran relieve, asistieron dos reyes, Rodolfo III de Borgoña (993-1032), y Knut el Grande de Dinamarca e Inglaterra (1017-1035). Era una prueba de cuánto se había progresado en poco más de medio siglo. Knut obtuvo en esta visita que se cambiaran las gruesas sumas que había que abonar en el momento de la concesión del pallium, y se sustituyeran por una renta anual de carácter regular. Conrado, que permaneció poco tiempo en Italia, tuvo la impresión de que se hallaba ante un papa débil incapaz de oponerse a lo que a él convenía. Así consiguió que se colocara a Grado bajo la jurisdicción de Aquileia y se otorgara a ésta la condición de metropolitana. En un claro gesto de despotismo, el emperador, atendiendo las quejas del obispo de Constanza, obligaría a la abadía de Reichenau a entregar las vestiduras pontificales con las que su abad oficiaba, para ser destruidas.
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