Félix I, san (3 enero 269 - diciembre 274)
Romano, hijo de Constancio, es un papa del que se tienen pocas noticias a pesar de que corresponde a un tiempo en el que los conocimientos acerca de la historia de la Iglesia son más abundantes. Consagrado el 5 de marzo a él correspondió responder a la carta en que Máximo, patriarca de Alejandría, daba cuenta del sínodo contra Pablo de Samosata. Félix respondió satisfactoriamente y estableció la comunión con el sustituto de Pablo, Domno. Hizo más: como el depuesto se negara a abandonar su sede, acudió al emperador Aureliano (270-275), el cual ordenó que la Iglesia antiocena fuera entregada a «aquellos con quienes están en comunión los obispos de Italia y en particular el de Roma». El papa estaba, pues, presentándose como interlocutor válido ante la autoridad imperial y no dudaba en acudir en petición de auxilio para restablecer el orden. Félix es uno de los papas cuyo enterramiento en San Calixto se ha comprobado.
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