Esteban II (26 marzo 752 - 26 abril 757)
Ultimátum lombardo. Pocos días después de la muerte de Zacarías, el clero y el pueblo de Roma proclamaron a un anciano presbítero, llamado Esteban. Sufrió un ataque de apoplegía y murió a los cuatro días sin llegar a ser consagrado. Durante cierto tiempo se dudó acerca de su inclusión en la lista de papas, pero desde 1961 existe un fallo de la Santa Sede que aclara la cuestión: elegido y no consagrado, nunca fue papa. En su lugar se procedió a elegir a otro diácono, también llamado Esteban que, junto con su hermano Pedro, siendo huérfanos muy niños y de familia muy rica, habían sido educados en Letrán y preparados para el servicio de la Iglesia. Una gran figura desaparecía al mismo tiempo: el 5 de junio del 754 san Bonifacio sufrió el martirio.
Pocos meses antes de la elección de Astolfo se había producido la anexión violenta de Rávena y el exarcado al reino lombardo. Era evidente que se trataba de un primer paso, pues comenzó a tratar a los habitantes del ducado de Roma como sí fuesen súbditos propios: en junio-julio del 752 Esteban II consiguió una tregua con el evidente propósito de negociar. Seguramente el rey de los lombardos esperaba un reconocimiento de su expansión, pero el papa no lo entendió así: envió una embajada a Constantinopla solicitando de Constantino V un ejército para recobrar Rávena. Informado de esta gestión, Astolfo amenazó (octubre del 752) con ocupar la propia Roma, que miraba ya como una parte del exarcado que debía serle transferida. El emperador no estaba en condiciones de enviar un ejército y propuso una nueva negociación. El «silenciario» Juan pasó por Roma en noviembre del 752, camino de Pavía para celebrar una entrevista con Astolfo. A su regreso a Constantinopla le acompañaban oficiales lombardos y pontificios encargados de explicar al emperador las condiciones a que aspiraba el rey. Habían aumentado.
Alianza con Pipino. En marzo del 753 un peregrino, visitando a Pipino el Breve, le dio noticia de la angustiosa situación que padecía Roma; insinuó que el papa deseaba recibir una invitación para ir a Francia. Dos embajadas, en julio y septiembre del mismo año (la segunda compuesta por el duque Autcario y el obispo Chrodegando) se encargaron de transmitirla. Al mismo tiempo reaparecía en Roma el «silenciario» Juan: el emperador encargaba al papa que, en su nombre, negociara con Astolfo. Esteban II se trasladó en efecto a Pavía: halló en el rey una decidida voluntad de no ceder. El 15 de noviembre del 753 continuó su viaje a Francia.
En la abadía de San Mauricio, en Valais, aguardaba al papa un brillante séquito en que figuraba un muchachito de 12 años, hijo de Pipino: era el futuro Carlomagno: el rey aguardaba a Esteban II en Ponthion, cerca de Chálons. Aquí, el 6 de enero siguiente, tuvo lugar el encuentro que iba a cambiar la faz de Europa. Según E. Caspar (Pippin und die Rótnische Kirche. Kritische unter-suchungen zum frankisch-papstlichen Bunde im VHIJahrhundert, Berlín, 1914), Esteban tenía el proyecto ya de pedir a Pipino la entrega del exarcado de Rávena, tal vez colocándolo bajo el mundubardium del rey de los francos. Pero cambiaron las cosas cuando Pipino ejecutó la proskynesis, ese gesto de absoluta sumisión que consiste en besar el suelo de rodillas, y llevó luego las riendas del caballo del papa como si fuera su escudero. Esteban dio cuenta a Pipino de la difícil situación en que se hallaba «la causa de san Pedro y de la república de los romanos». Juntos fueron a Saint Denis, donde el papa procedió a ungir de nuevo al rey y también a sus hijos, otorgando a todos el título de «patricio de los romanos». Un patricio es un funcionario del más alto rango, pero sometido a la soberanía de quien otorga esta concesión.
Los Estados Pontificios. La asamblea de Quierzy-sur-Oise, cerca de Laon, ratificó en forma solemne estos acuerdos, que «han de considerarse —según J. Orlandis (El pontificado romano en la historia, Madrid, 1966)— el acta fundacional de los Estados Pontificios». Astolfo no se sometió a las demandas que le transmitieron las embajadas: trató incluso de promover entre los nobles francos una resistencia a Pipino, enviando entre sus propios embajadores al hermano de éste, Carlomán, monje de Bobbio. Esteban tuvo que reaccionar formulando una serie de amenazas y prohibiendo a Carlomán y a sus hijos abandonar el monasterio. Carlomán falleció antes de que pudiera regresar a Lombardía. En agosto del 754 condujo Pipino la primera expedición. Sitiado en Pavía, Astolfo pidió la paz, comprometiéndose a devolver Rávena con todas las ciudades y villas por él usurpadas. No cumplió sus promesas. En diciembre del 755 desencadenó una nueva ofensiva, fijándose esta vez como objetivo la propia Roma, que quedó prácticamente cercada. Embajadores del papa y de las autoridades bizantinas, por el camino del mar, fueron al encuentro de Pipino que, entre tanto, había vuelto a marchar sobre Pavía: a la demanda de los bizantinos para que restituyese Rávena y el exarcado, el rey de los francos contestó que él sólo combatía «por el amor de san Pedro y el perdón de los pecados». La segunda paz de Pavía fue de condiciones mucho más duras que la primera: Astolfo tenía que entregar la tercera parte de su tesoro, someterse a un tributo anual y hacer entrega a la Iglesia de todas las tierras que antes fueran dominio del Imperio. Fulrado, abad de Saint Denis, con una parte del ejército, permanecería en Italia para vigilar el cumplimiento de los acuerdos. él se encargó de depositar sobre la tumba de san Pedro las llaves de Rávena, las ciudades que formaban la Pentápolis (Fano, Ancona, Pésaro, Sinigaglia, Rímini) y de las otras de Emilia. En la corte pontificia comenzó entonces a tomar cuerpo la leyenda de la Falsa Donación de Constantino a Silvestre, pues era un medio de legitimar esta decisiva donación que convertía al papa en un importante soberano temporal. Desde el año 756, y como consecuencia de un largo proceso, que partiera de un conjunto de propiedades inmunes, para acabar en la soberanía, comienza a existir un nuevo sujeto político, la Sancta Ecclesiae Respublica, que perdurará hasta 1870.
Tras la muerte de Astolfo, el papa respaldó al nuevo rey, Desiderio (756-774), asegurándose de este modo el cumplimiento de los acuerdos adquiridos en la segunda paz de Pavía. Esto no le impedía trabajar cerca de los duques de Spoleto y Benevento para que, apartándose de la dependencia de Lombardía, se situasen en la de la Sede Apostólica. Fue el de Esteban un pontificado breve pero decisivo.
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