Concilio I de Letrán (1123)
Una vez liquidada la querella de las investiduras en el Concordato de Worms (1122), entre el papado y el Imperio, con la renuncia del emperador a la investidura del báculo y el anillo, el papa Calixto II (1119-1124) quiso confirmar esta decisión con un concilio general, que se celebró al año siguiente en Roma. Se reunió esta asamblea en la basílica Lateranense, la iglesia episcopal del papa, el 18 de marzo de 1123, con una gran concurrencia de padres conciliares. Según el abad Sugerio pasaban de 300 los obispos, y según Pandulfo —biógrafo de Calixto II— habían acudido 997 obispos y abades.
No se han conservado las actas, ni otros escritos de las deliberaciones, ni siquiera las listas de los participantes. Sí, en cambio, han llegado hasta nosotros los cánones de este concilio. Son 25 cánones, que renuevan en parte decisiones anteriores: se condenó toda ordenación o promoción por simonía; se renovó la observancia de la «tregua de Dios», que había sido proclamada en el Concilio de Clermont (1095). A los cruzados se les concede indulgencia plenaria y se les aseguró la protección de sus familias y sus bienes; también se dio un decreto en favor de la cruzada española. Se prohibió el concubinato de los clérigos y se declaró nulo cualquier matrimonio de presbítero, diácono o subdiácono. También se determinó que los monasterios y sus iglesias estuvieran sometidos a los obispos. Finalmente, se leyeron en público los documentos del Concordato de Worms para que los asistentes les diesen una ratificación oficial. En el concilio también se canonizó al obispo Conrado de Constanza (+976). Este concilio es considerado como el IX concilio ecuménico.
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