Concilio de é‰feso (431)
Este concilio tuvo lugar en éfeso (Asia Menor), del 22 de junio al 31 de julio del 431. Con él se abren una serie de concilios de índole cristológica. La motivación del concilio surge de un conflicto doctrinal. Nestorio, obispo de Constantinopla desde el 428, comenzó a predicar que María no se la podría llamar Madre de Dios (theótokos) porque entendía que Cristo era sólo el hombre en el que habitaba el Hijo de Dios y, en consecuencia, María era sólo Madre de un hombre. Esta doctrina fue considerada herética por Cirilo de Alejandría y por el papa Celestino (422-432), que en sendos sínodos la condenaron explícitamente. A pesar de esas condenas Nestorio persistió en su error. Para conseguir la paz en la Iglesia, el emperador Teodosio II (408-450) convocó un concilio ecuménico en éfeso.
El concilio se reunió con un cierto retraso sobre la fecha prevista, aunque todavía no habían llegado los obispos antioquenos, ni los representantes del papa. Tomó esta iniciativa Cirilo de Alejandría, en contra del parecer de Candidiano, comisario imperial del concilio. Nestorio, a pesar de encontrarse ya en éfeso, se negó a comparecer ante la asamblea sinodal. En la sesión de apertura se leyó un documento doctrinal de Cirilo sobre la unión hipostática de las dos naturalezas en Cristo. También se leyeron otros escritos: un florilegio de obras de los Padres de la Iglesia, las cartas intercambiadas entre Cirilo y Nestorio, la carta de Celestino a Nestorio y la carta de un sínodo de Alejandría del 430, seguida de doce anatematismos. También en esta sesión se dictó una sentencia condenando a Nestorio a deponer la dignidad episcopal. En la segunda sesión del concilio se incorporaron los legados romanos y aprobaron las actas de la sesión anterior. Entre tanto, llegaron los antioquenos con Juan de Antioquía a la cabeza, que molestos por la condena de Nestorio, reunieron un anticoncilio y declararon fuera de la comunión a Cirilo y a Memnón de éfeso. A todo esto, el emperador pensó resolver esta embarazosa situación deponiendo a los principales responsables: Nestorio, Cirilo y Memnón. Después de varias sesiones el emperador disolvió el concilio y permitió a san Cirilo y a Memnón regresar a sus respectivas sedes, mientras que ordenó a Nestorio que se recluyera en un monasterio antioqueno y que Maximiano le sucediera en la sede de Constantinopla.
En resumen, se puede afirmar que la única decisión propia de este concilio fue la condena de Nestorio. Pero conviene tener en cuenta que dicha condena fue emitida después de la lectura de una serie de documentos doctrinales, cuya síntesis podría ser la siguiente: Cristo es un solo sujeto que resulta de una verdadera unión entre el Verbo de Dios y la naturaleza humana; por tanto, todo lo que realiza la naturaleza humana debe atribuirse al único sujeto, que es el Verbo de Dios encarnado, y de ahí que María pueda llamarse con propiedad Madre de Dios.
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