Benedicto II, san (26 junio 684 - 8 mayo 685)
Romano de origen, se trataba de uno de los niños educados en la schola cantonan que hiciera una carrera eclesiástica, siendo ya presbítero en el momento de su elección. Su designación parece significar que, con la paz, Roma estaba adquiriendo mayor independencia. Casi un año tardó en recibirse la confirmación imperial, no por otra causa que la dificultad en las comunicaciones. De ahí que Benedicto propusiera que se volviera a la costumbre de que fuera el exarca de Rávena, siempre más próximo, el encargado de cumplir la fórmula; podía ser, además, una compensación a la pérdida de la autocefalia. Las relaciones entre Roma y Bizancio pasaban por el mejor momento: de las querellas cristológicas quedaba apenas el recuerdo. En una solemne ceremonia, ante el clero y el ejército, manifestó Benedicto que tomaba bajo su patrocinio a los hijos del emperador.
La única noticia importante de su pontificado es el empeño que el papa puso en conseguir que todo el Occidente suscribiera las actas del Concilio de Constantinopla del 681. Los obispos españoles lo hicieron en forma solemne en el XIV Concilio de Toledo (noviembre del 684), pero aprobaron al mismo tiempo,
como una muestra de su capacidad de iniciativa, el Apologeticum de san Julián
(642-690). Supo luego el arzobispo de Toledo que el gesto había parecido mal al
papa, que formuló críticas al documento, y por ello respondió a Benedicto en
forma ciertamente áspera, llevando además dicha respuesta a la aprobación del XV Concilio de Toledo. No hubo en momento alguno peligro de ruptura.
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