INDULGENCIAS
En el siglo XVI, una mala comprensión de las indulgencias fue el origen de las divisiones entre cristianos de Occidente. El Vaticano II y Pablo VI insistieron en el efecto reparador del amor de Dios y del prójimo. Ninguna indulgencia puede lograrse sin la conversión del corazón. En la Iglesia, los pecadores- para reparar las consecuencias de sus pecados- pueden beneficiarse, en la comunión de los santos, de la salvación de Cristo y del modelo de sus discípulos perfectos. San Pablo decía: Llevad los fardos los unos y los otros. Así cumpliréis la ley de Cristo.
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