DIVORCIO
Cuando un hombre y una mujer toman la decisión de casarse por la Iglesia, comprometen su amor no solamente ante la comunidad cristiana, sino también ante Dios. Su unión es el signo de la fidelidad de Dios con los hombres. La indisolubilidad del matrimonio es , por otra parte, uno de los pilares del matrimonio. Para la Iglesia, un matrimonio no deja de existir; el divorcio no es reconocido desde un punto de vista teológico. Las personas divorciadas tienen derecho a comulgar. No así si se vuelven a casar. La dificultad no proviene de una postura retrógrada desde el punto de vista social sino de una noción de pura teología. Un matrimonio que no ha sido anulado vale siempre.
Por eso, incluso si los que se han vuelto a casar forman parte de una comunidad cristiana (no han sido excomulgados), no tienen ya derecho a participar en los sacramentos, en particular en la Eucaristía, que es el signo más tangible de la alianza entre Dios y los hombres.
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