CREMACIÓN
La Iglesia ha prohibido durante largo tiempo la incineración del cuerpo. Era para ella una costumbre brutal y bárbara. El cuerpo de Cristo fue bajado de la cruz por sus discípulos, revestido de una túnica, fue enterrado. La mañana de Pascua, las mujeres debían embalsamar el cuerpo según la costumbre judía.. Un gran respeto había rodeado al cuerpo de Cristo. La fe cristiana, pues, retomó este respeto por el cuerpo, desde su lenta descomposición en tierra antes de una vida nueva.
Hoy, la incineración está cada vez más de moda: falta de sitio en los cementerios, deseo de “desaparecer” en la naturaleza. Las razones son numerosas.
Desde 1963 la Iglesia no pone obstáculo a la incineración. Salvo que sea un rechazo de la fe en la resurrección. Aconseja, sin embargo, cumplir con este rito con un gran respeto al difunto y a su familia. Pide también que no se dispersen las cenizas, ni guardarlas en casa en una urna, sino depositarlas en la tierra, en un lugar preciso en el que la familia pueda recogerse.
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