CONOCER
No es sólo tener la idea, sino la experiencia vivida de una realidad: es sentir, penetrar. Como cuando decimos: conocer la vida, el dolor, la realidad. Conocer a Dios es ser íntimo suyo (Jn 1, 18).
Así se entiende por qué en la Biblia conocer se puede referir a las relaciones conyugales (Lc 1, 34).
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