AGUA
“Nadie, a menos que nazca del agua y del Espíritu puede entrar en el Reino de los cielos” (Juan 3-1-8). En la tierra no hay vida si falta el agua.. El agua da vida. Es su condición, su sinónimo. Por eso el agua es el símbolo del Bautismo. Hay que sumergirse en el agua para renacer después. Antiguamente, el futuro bautizado se acercaba a la piscina o a la corriente del agua, en la que era sumergido. El agua nos recuerda a Jesús, “el agua viva que calma la sed del hombre para siempre. El agua nos recuerda la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte.
El agua simboliza también las fuerzas del mal ( el mar tumultuoso, el diluvio). Jesús las atraviesa con su resurrección, nueva y definitiva liberación. En su lucha vencerá al que la Iglesia llama “el autor del mal” y la Biblia le llama tentador, diablo, Satán.
Cuando se celebra el bautismo, el celebrante vierte el agua por tres veces en la frente del bautizado. Y pronuncia la fórmula
“Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El bautizado es sumergido en la muerte y resurrección de Cristo. Muere al pecado y renace a una vida nueva. El bautismo toma todo su sentido cuando se celebra la noche de Pascua. Símbolo de la vida y de todo lo que la hace crecer.
Ver RIO
Es también símbolo de aquello que libera de la suciedad y de la maldad. En el plural, aguas, ver MAR
Uso litúrgico del agua: ver TIENDA.
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