Valor
Cultivemos en nuestra vida la virtud del valor. No solamente el valor de cuestionarnos sobre las realidades profundas del hombre, sino también el de emplear nuestra libertad en la construcción de caminos fundados en la verdad, en la justicia, en el estudio serio y competente, en la amistad fiel y respetuosa. Que la renuncia a la posesión del tipo que sea, a la codicia de los ojos y de los sentidos, a la pretensión de estar en los primeros puestos, se convierta en respuesta generosa al amor de Dios, a la propuesta de Dios, a su Palabra, a las necesidades del hermano, a las peticiones de ayuda que se levantan a nuestro alrededor, incluso cerca de nosotros, por parte de muchos hombres y de pueblos enteros. Que el valor abra nuestro corazón y nos haga comprender que vivir no significa simplemente «andar», sino aceptar «ser llamados y enviados»; no significa responder a la pregunta «qué es lo que me satisface», sino amar y elegir lo que es agradable a Dios, lo que es bueno, justo y verdadero.
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