Revelación
La revelación divina, que se ha realizado en Jesús, nos dice qué es lo que Dios —como Dominus historiae— ha querido, quiere y querrá realmente hacer en la historia: Dios ha querido, ante todo y sobre todo, que uno de los acontecimientos de la historia, es decir, la vida de Jesús, fuera la manifestación plena de su amor, la historia de una libertad verdadera y plenamente humana, que se deja llenar de Dios con una total obediencia filial, y llena de sí el universo, atrayendo a todas las criaturas hacia la unidad: «Y yo una vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí»; «Jesús iba a morir... para conseguir la unión de todos los hijos de Dios que estaban dispersos». La historia humana de Jesús no solamente está llena de Dios y nos llena de Dios, sino que es una prueba tan intensa del amor de Dios por la humanidad, que constituye realmente una sola cosa con el mismo Dios, ya que es la historia humana del Hijo eterno de Dios. Una historia que culmina en la pascua, cuando Jesús, con su muerte y resurrección, revela hasta qué punto está dispuesto a hacer la voluntad del Padre y hasta qué punto el amor del Padre es capaz de comunicar vida, alegría y paz a toda la humanidad.
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