Paraíso
El paraíso es estar eternamente con el Señor, en la bienaventuranza del amor sin fin; «Hoy estarás conmigo en el paraíso». La palabra que el Crucificado le dice al ladrón arrepentido es la revelación de lo que es el paraíso: un «estar con Cristo», un vivir eternamente con él en el diálogo del amor con el Padre en el Espíritu Santo. Esta relación con el Señor, de una riqueza inimaginable para nosotros, es el principio esencial, el fundamento mismo de toda bienaventuranza del existir. La vigilancia se ejerce en la anticipación del gozo del encuentro con el Señor y en la alegría de la comunión fraterna, vivida con todos los que comparten su deseo. La imagen de esta anticipación es tan profunda y delicada que nos hace comprender la importancia de la vida contemplativa, aunque la sustancia de la anticipación pertenece a toda vida de fe, invitada a convertirse en experiencia vivida en la confianza con el Señor y en la seguridad de que nos cuida tiernamente. La espiritualidad del Cantar de los Cantares —como enseña una tradición espiritual constante y siempre renovada del cristianis5 mo— es, por tanto, una dimensión vital de nuestra relación diaria con Dios; es el tiempo del enamoramiento, destinado a consumarse en la exuberancia del amor; un enamoramiento que debemos cultivar, guardar y valorizar en la intimidad de un diálogo que alcanza las fibras más sensibles de nuestro ser.
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