Obediencia
La relación de Jesús con el Padre es la fuente de luz que ilumina su vida, su pasión y su muerte. No se trata sólo de decir que Jesús elige valientemente entre la vida y la muerte, entre la alegría y el dolor, que escoge el camino estrecho y diíícil como camino testimonial. Él elige, como Hijo, entre la continuación de una vida sin el Padre y la aceptación de la muerte con el Padre; y opta por la obediencia, la voluntad del Padre, elige estar con él hasta el fondo. El intenso y apasionado conocimiento que Jesús tiene del rostro del Padre, al que contempla constantemente, le hace comprender que si elige estar de parte del Padre, aunque eso conlleve dolor y muerte, para ser totalmente solidario con nosotros, hombres pecadores, su elección le llevará, a través del amor, a la plenitud de la resurrección. En esta perspectiva es como debemos interpretar cada una de nuestras opciones. Cuando el cristiano decide dar su vida —poniéndola al servicio de los demás, tomando su cruz, lavando los pies a los hermanos, aceptando las exigencias de una vida transformada por el evangelio en la familia, en la sociedad, en la escuela, en el trabajo, aceptando también los sufrimientos que eso conlleva, par ticipando incluso, a causa de su elección, en la soledad de Cristo en su pasión—, no lo hace porque le guste sufrir, sino porque ha descubierto el rostro del Padre y ha comprendido que la fuente de la vida está en la voluntad del Padre, aunque ésta indique un camino de sacrificio y entrega hasta la muerte.
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