Memoria
Se tiene la impresión, errónea, de que la Iglesia exhorta a olvidar ias ofensas y las injusticias recibidas, a no hurgar en el pasado ni siquiera en aquellos casos en los que hubieran sido cometidas las más graves injusticias, en los que la vida de alguien hubiera sido sometida a la violencia. Desde luego, no es de sabios —como ya decía Pascal al amigo que lloraba la muerte de un familiar— prolongar indefinidamente los gritos del llanto y del luto: pero eso no significa que haya que olvidar, que no se puedan sentir las heridas del corazón, que no se pueda sufrir amargamente, sobre todo por quien ha sido víctima de una grave injusticia. Es más, la Iglesia nos invita muchas veces a recordar, a hacer memoria, y a hacer memoria ante todo de una de las muertes más crueles y violentas —y sin duda la más injusta de todas—: la de Jesús de Nazaret. De esta muerte la Iglesia hace memoria cada día en la misa, nos la pone delante en la imagen del crucifijo: al contemplar el crucifijo, vemos conmemoradas en él todas las víctimas de la violencia humana, desde Abel hasta los hornos crematorios, desde las masacres de Shabra y Shatila hasta las víctimas del terrorismo. La Iglesia no invita a olvidar, a hacer como si todo esto no hubiera ocurrido: al contrario, exhorta a cultivar una lúcida conciencia histórica del pasado próximo y remoto, a dar testimonio de todo lo que ha ocurrido, de todo lo que se ha sufrido, a extraer de ello lecciones permanentes para la resistencia a toda forma de violencia, mal y mentira, y a expresar este testimonio en el recuerdo de los caídos, en la atención a los inválidos, en el respeto y en el amor por las familias y por los hijos de las víctimas. Esta memoria no es vengativa sino constructiva, estudia las causas y las razones profundas de las aberraciones de la violencia y la injusticia, para prevenirlas, desenmascararlas en esas manifestaciones que aún están presentes en medio de nosotros, a fin de impregnarlo todo —hasta los acontecimientos más trágicos— de un dinamismo serio de paz y oposición al mal.
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