Justicia
En la Biblia, la palabra no indica simplemente la justicia legal o social, sino la justicia evangélica: «Buscad ante todo el Reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios os dará lo demás». Es la justicia por la cual a Abrahán se le llama el justo. José es hombre justo. Jesús es llamado el justo y el santo. ¿Qué es entonces la justicia del Reino, entendida como cualidad suprema del cristiano? El aspecto que más destaca la Escritura es que esta perfecta justicia o santidad (podríamos también decir vida de caridad) consiste en vivir según Dios. Una vida que se remite a Dios como regla de conducta, como causa interior y motor de toda acción. Una vida que tiene a Dios por regla es una vida hecha a imitación de Dios. La realidad última a la que tenemos que tender, los mores cristianos, la moral cristiana, está en la imitación de Dios. Lo leemos claramente, por ejemplo, en el sermón de la montaña, cuando Jesús, después de ofrecer varios ejemplos de comportamientos del discípulo, dice: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto». Y el apóstol, en la Carta a los Efesios, describe algunas actitudes típicas de la moralidad cristiana, concluyendo: «Haceos, pues, imitadores de Dios como hijos muy queridos».
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