Fe
El acto de fe es el acto fundamental del creyente, ese acto que nos convierte en creyentes y que rige toda nuestra existencia cristiana: un acto razonable en sus premisas, pero que no es sólo la conclusión de unas premisas, no es una simple deducción lógica. Nosotros podemos analizar las premisas, ver cómo se van acumulando, pero de repente salta el don del Espíritu, por el cual el hombre se abandona al Espíritu de Dios y lanza ese grito, esa palabra dicha con pasión: «¡Es el Señor!». No es simplemente una palabra que brota, es toda la persona que se mueve: sale de sí misma y se funde en el abrazo del otro al que ha reconocido. Y el hombre que es capaz de salirse de sí mismo, que sabe tener tanta pasión y tanto entusiasmo, no lo hace por un fantasma, obra de su imaginación, sino por la persona de Dios que lo atrae con su dulzura y con su presencia: es el don de la fe, raíz de toda oración, de toda catequesis, de todo apostolado, de toda pastoral, de todo testimonio. Cuando decimos que queremos ser testigos —testigos creíbles— tenemos que pensar que la raíz de todo esto es ese grito que nos sale del corazón: «¡Es el Señor!».
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