Ciudad
¿La ciudad es, como tal, un lugar de salvación? La pregunta podría también formularse así: ¿es Nínive la que tiene que ser evangelizada, o son los ninivitas? El libro de Jonás considera estos dos términos como intercambiables: «Vete a Nínive, la gran ciudad, y pronuncia un oráculo contra ella»; «Jonás se levantó y partió para Nínive... los ninivitas creyeron en Dios». «¿Y no voy a tener yo compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas?» Por tanto, también una gran ciudad puede tener su importancia teológica, si se considera como una realidad unitaria de Dios: «Las ciudades tienen su propia vida y su propia autonomía misteriosa y profunda: tienen un rostro característico; por decirlo de alguna manera, tienen su propia alma y su propio destino: no son montones de piedras colocadas al azar, son misteriosas viviendas de hombres y, me atrevería a decir, son de algún modo las misteriosas viviendas de Dios: "gloria Domini in te videbitur"». En efecto, no podemos olvidar que la ciudad surge para integrar mejor a las personas, para que éstas puedan expresar mejor sus capacidades, enlazándolas con las de los demás, para que sus necesidades encuentren una respuesta mejor y más rápida. La ciudad es, por tanto, un acontecimiento humano, una forma de organizarse que nace de la inteligencia y de la voluntad de búsqueda de un bien común. Es un acontecimiento moral que puede y debe ser iluminado por el evangelio, sostenido por la gracia, animado por la esperanza en la venida de! Reino.
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