Alejados
Hay muchas páginas de la Biblia que nos presentan a unos forasteros, a unos paganos, o a unos marginados, que se convierten en los destinatarios privilegiados de la Palabra de Dios. Efectivamente, aquellos que frecuentan asiduamente la vida de la comunidad, corren el riesgo de acostumbrarse a los grandes dones cristianos, a considerarlos de su propiedad, menoscabando su eficacia operativa. En cambio, la situación de lejanía, sobre todo cuando no depende en particular de causas culpables, como la pereza, la indiferencia, una conducta moral contraria al modelo evangélico, puede conferir a la búsqueda de la fe un tono de profundo respeto, una pasión por la autenticidad, una mayor seriedad a la hora de relacionar la fe con los problemas del mundo actual. Estos posibles valores, presentes en la fe de los alejados, no deben inducirnos a pensar que es preferible mantener la situación de lejanía. Se trata de unos valores precarios que, para que sean verdadera y fructuosamente operantes, requieren que el alejamiento sea superado con un acercamiento crítico y valiente a la vida de la comunidad cristiana.
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