vid
f. Bot. Planta vitácea, trepadora, de flores verdosas en racimos, cuyo fruto es la uva. El cultivo de la vid, que es uno de los que se practicaron siempre con más esmero, y la invención o arte de hacer vino, datan de la más remota antigüedad. Los gentiles atribuían a Baco esta invención, y la Biblia habla de la vid que plantó Noé, siete días después del diluvio, en el año 2341 a.C., y de cuyo fruto hizo vino. Parece ser que el cultivo procede de Etiopía, de donde pasó a Asia y luego bajó a Egipto. Egipcios y fenicios lo propagaron por todo el Mediterráneo. Los primeros que industrializaron el producto de la vid fueron los griegos y los romanos. Sus vinos gozaron de gran renombre (V. Vino.) La poda de la vid surgió, según Plinio, de una casualidad. Una cabra comió los renuevos de una planta, y el propietario observó que al año siguiente las uvas eran más abundantes y de mejor calidad. En América, la vid se cultivó por primera vez en el Alto Perú, con ejemplares traídos de España. En Argentina se admite que los primeros cultivos se hicieron en 1556, en lo que hoy es la provincia de Santiago del Estero, con plantas procedentes de Chile; luego pasaron a Mendoza y San Juan.
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