Uruguay
Estado de Sudamérica; 176.215 km². 3.413.329 hab. (2003). Lengua oficial: español. Unidad monetaria: nuevo peso uruguayo. Capital: Montevideo. Geografía física y económica. El territorio está asentado en el extremo sur del escudo guayano brasileño, y presenta un paisaje de penillanura debido a la acción erosiva. Sobresalen suaves ondulaciones que raramente superan los 300 m de altitud: las “cuchillas”. El clima, subhúmedo, se caracteriza por veranos cálidos, ausencia de una estación fría y una gran inestabilidad atmosférica. La mayoría de los ríos son afluentes izquierdos del Uruguay. La economía se basa en la producción y la transformación de productos agrarios. La ganadería es considerablemente más importante que la agricultura. Historia. Poblado por charrúas, chanaes, guaraníes, tapes y arachanes, fueron los charrúas los más característicos de la región y los que ofrecieron mayor resistencia a los europeos. La llegada de los españoles coincidió con la extensión por todo el Uruguay de la influencia guaraní, cuya lengua unificó la región. El gobernador de Paraguay, Hernandarias de Saavedra, recorrió el país en 1607-1608 e introdujo el ganado, que se multiplicó en estado salvaje, origen de su riqueza pecuaria. Al crearse la gobernación de Buenos Aires (1617), pasó a su jurisdicción gran parte de la Banda Oriental, nombre que se daba entonces al territorio uruguayo. Los franciscanos crearon la reducción de Santo Domingo de Soriano (1624), y los jesuitas, las reducciones al este del río Uruguay (Misiones orientales) quienes sufrieron los ataques de los bandeirantes brasileños (siglo XVII), que respondían a la política portuguesa en Brasil para extender su control hasta el Río de la Plata. Consecuentemente, establecieron la Colonia del Sacramento (actual Colonia) en la desembocadura del Río de la Plata (1680) que, tras varias fricciones con España, pasó a manos de ésta en 1777 por el Tratado de San Ildefonso, a cambio de las Misiones orientales, cedidas a Portugal. Para contrarrestar la penetración portuguesa y francesa, el gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, expulsó a los portugueses del pequeño puerto, donde fundó la ciudad de Montevideo (1726). En 1749 se creó la gobernación de Montevideo, cuya homónima capital se convirtió en una de las mejores plazas fuertes de la costa atlántica. Tras el reglamento de libre comercio (1778), se inició su desarrollo, en competencia con Buenos Aires, y se activó el proceso de fundación de ciudades en el interior. La alianza entre Carlos IV de España y Napoleón I provocó el ataque británico a Buenos Aires, de la que se apoderaron en 1806. Una expedición organizada en Montevideo reconquistó la ciudad bonaerense, pero los británicos ocuparon Montevideo por unos meses (1807). La revolución de mayo de Buenos Aires (1810), que creó la Junta Provincial Gubernativa, enfrentó de nuevo a las dos ciudades. Montevideo reforzó su españolismo con la llegada del nuevo gobernador Vigodet y con el regreso de Elío como virrey (1811), quien declaró la guerra a la Junta. Sin embargo, el resto de la Banda Oriental, acaudillada por José Gervasio Artigas, se enfrentó a las autoridades de Montevideo. Artigas obtuvo la victoria de Las Piedras y puso sitio a Montevideo, pero la invasión portuguesa de la Banda Oriental, en ayuda de Elío, decidió a la Junta de Buenos Aires a firmar un armisticio. Obligado a abandonar el sitio de Montevideo, Artigas cruzó el Uruguay y se estableció a orillas del Ayuí (1812), marcha conocida como “Éxodo del pueblo oriental”. Roto el armisticio, Artigas sitió de nuevo Montevideo (1813), pero tras el rechazo de sus delegados en la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, reunida en Buenos Aires, Artigas se retiró del sitio (1814) y Montevideo cayó en manos del directorio porteño, que incorporó la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Artigas acaudilló el movimiento federalista frente al centralismo de Buenos Aires y, tras la victoria sobre los bonaerenses en Guayabos (1815), estableció un nuevo gobierno en Montevideo. Extendió su influencia al resto de la Banda Oriental y a Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba, con cuyas provincias constituyó la Liga Federal. La lucha entre federalistas y centralistas culminó con la invasión portuguesa de la Banda Oriental (1816), con la tácita aprobación de Buenos Aires. Montevideo fue ocupado (1817), y la derrota de Tacuarembó (1820) permitió incorporar el país al Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina. Una Asamblea en Florida proclamó la incorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata, y Buenos Aires se sumó a la lucha. El ejército uruguayo, al mando de Alvear, obtuvo la victoria de Ituzaingó sobre los brasileños (1827), pero la intervención británica puso fin al conflicto mediante la Paz de Río (1828), por la que se reconoció una cierta independencia de la Banda Oriental, aunque se perdió la zona entre el Ibicuy y el Arapey. Su primera Constitución fue jurada en 1830, y Fructuoso Rivera elegido presidente. La pugna entre Rivera y Lavalleja inauguró la etapa caudillista republicana y originó los dos partidos predominantes en la vida política uruguaya: el Blanco (nacionalista), de Lavalleja, apoyado por los hacendados y el Colorado (liberal), de Rivera, popular entre las clases rurales inferiores. Rivera afrontó dos revueltas de Lavalleja (1832 y 1834), una invasión argentina (1833) y una sublevación de los charrúas, que fueron casi exterminados (1830-1832). Su sucesor, Oribe (1835), caudillo del patriciado montevideano, estrechó relaciones con Buenos Aires y se enfrentó a las sublevaciones de Rivera (1836 y 1837), quien asumió de nuevo la presidencia (1839-1843). La lucha de Rivera contra la unión Rosas-Oribe desencadenó la Guerra Grande (1839-1851), en la que Montevideo sufrió un largo sitio (1843-1848), hasta que la escuadra británica levantó el bloqueo marítimo. La caída de Rosas en Argentina obligó a Oribe a capitular (1851). El nuevo caudillo colorado, general Venancio Flores, derrocó al gobierno blanco (1865) y estableció a los colorados en el poder con la ayuda de Brasil y Argentina, lo que determinó la participación uruguaya en la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870). La corrupción de los sucesivos gobiernos militares llevó de nuevo a los civiles al poder con Julio Herrera y Obes (1890-1894), pero la consolidación civilista se realizó con José Batlle, líder de los colorados demócratas. Elegido presidente (1903-1907 y 1911-1915), dotó al país de una nueva ideología liberal (batallismo) y dio a su partido una base popular. Tras sofocar la sublevación de Saravia (1904), Batlle dotó al país de una avanzada legislación social, pero en las zonas rurales continuaron predominando el caudillismo y el latifundio. La crisis económica de 1929 condicionó el golpe de Estado de Terra (1933), que gobernó dictatorialmente. En 1951, el presidente Andrés Martínez Trueba restableció el poder ejecutivo colegiado. El descontento de las zonas rurales propició, en 1958, después de casi un siglo, la vuelta de los blancos al poder, pero el fracaso de su política determinó la elección del general Gestido (1966), del ala derecha colorada, quien en la Constitución de 1966 restableció una vez más el régimen presidencial. Su fallecimiento (1967) llevó al poder al vicepresidente, Pacheco Areco. La acción terrorista de la guerrilla urbana de los tupamaros obligó a la implantación del estado de sitio (1970). El nuevo presidente, el colorado Bordaberry (1971), declaró el estado de guerra (1972) y, tras la intervención de las fuerzas armadas en el gobierno (1973), se creó un Consejo Nacional de Seguridad, formado por militares y civiles, presidido por Bordaberry. En 1976, Bordaberry fue destituido, y se creó un Consejo Nacional que designó a Aparicio Méndez nuevo presidente de la República. El régimen sufrió una grave derrota al rechazar el pueblo en referéndum un proyecto de Constitución que daba a los militares papel determinante en el gobierno del país (1980). Los militares reemplazaron a Méndez por el general Gregorio Álvarez (1981), y fijaron un “plan de democratización” destinado a devolver el poder a los civiles. En las primeras elecciones libres desde 1971, celebradas en noviembre de 1984, triunfó Julio M. Sanguinetti, del partido Colorado. En noviembre de 1989 fue elegido presidente de la República Luis Alberto Lacalle, del partido nacional (blanco), mientras que en 1994 repitió triunfo Julio M. Sanguinetti. Un año después logró la aprobación por referéndum de importantes reformas en el sistema político uruguayo. En abril de 1999 se permitió a los ciudadanos uruguayos, por primera vez en la historia del país, elegir los candidatos a la presidencia y los delegados a las convenciones de cada uno de los siete partidos políticos que iban a competir en las próximas elecciones legislativas y presidenciales. Los votantes respaldaron al ex presidente Luis Alberto Lacalle, al ex intendente (alcalde) de Montevideo Tabaré Vázquez y al senador Jorge Batlle Ibáñez como candidatos a la presidencia de la República por el partido nacional, la coalición Encuentro Progresista Frente Amplio y el partido colorado, respectivamente. Tabaré Vázquez venció en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebradas el 31 de octubre de 1999. El 28 de noviembre se celebró la segunda vuelta de las presidenciales, y Batlle derrotó a Vázquez con el 51,6% de los votos frente al 44% de aquél, después de que el partido nacional uniera sus fuerzas al colorado de Batlle, quien el 1 de marzo de 2000 sucedió como presidente de la República a Sanguinetti. Su principal meta fue terminar con la crisis económica, tras arduas negociaciones, logró un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para cambiar el sistema fiscal y terminar con el déficit público. En las elecciones presidenciales de 2004 resultó electo Tabaré Vázquez, candidato por la coalición izquierdista logrando un parlamento con mayorías absolutas. Primera vez en la historia del país que un partido político no tradicional accede al Poder Ejecutivo. El gobierno del Dr. Vázquez reanudó las relaciones con Cuba, continuó la afianzada amistad entre el gobierno uruguayo y el venezolano, la mala comunicación entre Uruguay y Argentina, sus duras críticas al Mercosur, la negativa del gobierno de firmar un TLC con Estados Unidos, mejoró relaciones con otros gobiernos “progresistas” como el de Bolivia, Chile, Brasil y Ecuador y las nuevas fronteras de comercio con Nueva Zelanda, China, India y Emiratos Árabes Unidos. Arte y literatura. La cultura uruguaya descansa, principalmente, sobre la base de tradición hispana y los aportes culturales de los inmigrantes europeos, eso hace que Uruguay tenga una diversidad de manifestaciones culturales, las cuales se plasman en las artes, la danza, la música, la literatura o la arquitectura. La cultura popular está muy arraigada, como en el caso del carnaval uruguayo, el cual nace con la independencia y tiene sus orígenes en 1830. Desde 1832 se realizan los bailes de máscaras, y a partir de 1870 se organizan las comparsas. En su origen el baile era el único elemento, pero evolucionó, sumándose el vestuario, la coreografía y figuras netamente diferenciadas: el escobero, el portaestandarte, la mama vieja, el gramillero y la vedette, siendo las más destacadas del ambiente Martha Guiarte y Rosa Luna. Finalmente, la murga, llevada por una compañía española de zarzuelas en 1906, es un elemento característico del carnaval montevideano.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.