socialismo
1. m. Sistema de organización socioeconómica basado en el principio de la propiedad pública de los medios de producción y en la distribución colectiva de la riqueza. 2. Es un pensamiento económico y político que empezó a fundamentarse a partir del primer tercio del siglo XX. La idea de una distribución más o menos igualitaria de la riqueza tiene antecedentes remotos: Licurgo, Graco, Tiberio, Curio, Dentato, etc., expusieron sus ideas o utopías de mejora social entre los antiguos; el caso más conocido fue Platón, en su República. De todos modos, al hablar de socialismo la referencia cronológica se sitúa en el siglo XIX. Hacia 1830, esta idea comienza a adquirir cuerpo y a sistematizarse en Francia e Inglaterra . Claude E. de Rouvoy, Charles Fourier, Saint Simon, Louis Blanc, Pierre Leroux, Joseph Proudhon y Robert Owen son sus más importantes impulsores; pero casi todos sus postulados pecaban de exceso de idealismo y utopía: desde la abolición de la propiedad hasta la instalación de falansterios, pasando por el intercambio recíproco de bienes, trabajo, etc. Los analistas marxistas calificaron más adelante todos estos ideales como anarquistas y no socialistas. Karl Marx y Friedrich Engels variaron estas directrices. La profunda crisis revolucionaria de 1848, en Europa, fue la gran línea que condujo a la división, sobre todo en los países industrializados: Gran Bretaña, Alemania y Francia. Ellos calificaron de utopías los intentos de sus predecesores y denominaron los principios que acababan de lanzar como socialismo científico o revolucionario. Marx, fundador del pensamiento socialista contemporáneo, a mediados del siglo XX presentó lo esencial de su teoría en las obras Fundamentos de la crítica de la economía política, Contribución a la crítica de la economía política y fundamentalmente, El Capital. Introdujo la concepción materialista y dialéctica de la historia y analizó sistemáticamente las estructuras del Estado capitalista y su funcionamiento. Se opuso a los conceptos igualitaristas de Rodbertus, Lasalle y Marlo; preconizó un proceso revolucionario como única manera de establecer la sociedad auténticamente socialista, en la que el proletariado sería el elemento fundamental, ya que capitalismo y socialismo no podían coexistir en una misma sociedad. El modo de llegar a la.destrucción del Estado burgués-capitalista sería la lucha de clases, para alcanzar la dictadura del proletariado, un nuevo Estado en que cada uno recibiría lo justo según su trabajo y necesidades, hasta llegar a un sistema socialista en que el Estado desaparece, incluso el obrero, por la perfección de las condiciones de una sociedad humana nueva. En el fondo, el socialismo revolucionario es tan utópico como el de Saint-Simon. La interpretación económica de la historia fue, desde luego, una notable aportación al campo de la investigación científica. Pero los movimientos sociales van más allá de las leyes rígidas a que Marx los quiso someter. El socialismo científico o revolucionario, elaborado por Marx y Engels, más tarde evolucionado por Lenin, Rosa Luxemburg, Gramsci, Trotsky, Mao Tsé Tung, es el resultado de un análisis del denominado capitalismo internacional. El movimiento socialista se desarrolló dentro del proletariado urbano nacido con la gran industria. La influencia socialista progresó con la creciente democratización de las instituciones, hasta la primera guerra mundial. Paralelamente a su afirmación, el socialismo se diversificó. De hecho, aparecieron distintos modelos de sociedades políticas que intentaron ponerlo en práctica. Unas fueron calificadas de comunistas, como la antigua URSS, China y la antigua RDA; otras, como los países escandinavos y del «tercer mundo», se definieron como socialistas. Sin embargo, estos países decían encontrarse en un proceso de socialización y no en una sociedad comunista propiamente dicha. En los países escandinavos los medios de producción son, en gran parte, privados. Estados del llamado «tercer mundo» se dicen socialistas y sólo poseen, de hecho, un régimen de partido único. La existencia en las democracias europeas u occidentales de partidos comunistas y socialistas hace más compleja su situación, y aumenta las diferencias entre los movimientos socialistas. Difieren no tanto en los fines a conseguir, como en los medios a utilizar para alcanzar los objetivos propuestos. La denominación de partido comunista fue adoptada por las fracciones revolucionarias de los partidos socialistas, tras la revolución rusa de 1917, al querer diferenciarse de éstos. Pero estas fracciones se afirmaron en su apoyo a la entonces naciente y ahora desaparecida URSS. No obstante, capitalismo y socialismo, hijos de la revolución industrial delsiglo XIX, así como de la Revolución francesa, están viviendo una profunda transformación del sistema social que los fundadores del pensamiente socialista y la práctica capitalista no podían ni siquiera imaginar: la paulatina desaparición del proletariado y de las clases sociales, en el sentido que tuvieron durante el siglo XIX. Es otro tipo de sociedad el que está apareciendo, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial; en ella, por perfección evolutiva de la economía de los estados, la riqueza producida tiene, cada vez, una más amplia y equitativa distribución, de tal modo que hacen dudar sobre los principios de la denominada interpretación materialista y dialéctica de la historia, fruto de la mentalidad humanística del siglo XIX. Como supuestos principios del desenvolvimiento humano, empiezan a estar desplazados por la nueva dinámica y evolución de los hombres del último tercio del siglo XX, al poseer una más amplia información y visión del universo, de mayor complejidad y sentido del futuro. Por todo ello, el desarrollo socioeconómico del Tercer Mundo debe enfocarse desde una perspectiva más humanista, ya que la acumulación de experiencias vividas por los estados desarrollados durante los últimos decenios hace posible la solución de problemas sin necesidad de recurrir a la convulsión traumática de las sociedades.
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