SIDA
m. Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, producido por el virus HTVL-III. Es un estado patológico del organismo, en el que se presenta una considerable disminución de las defensas, y de este modo, quienes la padecen pueden enfermar por cualquier infección simple, originándoles complicaciones graves de pronóstico mortal. Esta enfermedad es muy reciente; los primeros casos los diagnosticó accidentalmente Friedman, en 1981, en EE.UU., al revisar historias de pacientes fallecidos en circunstancias extrañas, todos ellos con factores coincidentes. En el centro de enfermedades de Atlanta, en Florida, EE.UU., las investigaciones de la droga experimental azidotimidina (azt), demuestran que prolonga la vida del enfermo e impide la reproducción del mortal virus. Por su parte, el Instituto Pasteur de Francia ha encontrado que 10 minutos de contacto con una pequeña cantidad de cloruro benzoalcalino (espermaticida), a temperatura normal del cuerpo, inactiva totalmente el virus HIV, causante del sida. Otras investigaciones hechas por el New England Daconesa Hospital de Boston concluyen que una hormona de crecimiento inyectada en la médula ósea aumenta el número de células blancas de la sangre, dándoles a los pacientes una mayor cantidad de «municiones» o defensas contra el LAV (Limphoadenopaty Associated Virus), germen infeccioso. A finales de los años 80 se descubrió el agente causal y se dilucidaron sus mecanismos de transmisión, por vía sexual y anguínea. La OMS, Organización Mundial de la Salud, calculó en 1994 que en el año 2000 la cifra de infectados con el virus será de entre 30 y 40 millones de personas, e informó que a junio de 1993 los casos terminales alcanzaban los 2,5 millones de personas. Además, replanteó una primera definición de los grupos de alto riesgo entre hemofílicos, homosexuales, drogadictos y «trabajadores sexuales» para abrir el espectro a todos los seres humanos, pues sólo en 1994 había más de 14 millones de infectados, de los cuales un millón eran niños contagiados directamente por sus madres heterosexuales y por transfusiones. Sólo la adecuada información y las conductas sexuales responsables, como las parejas estables y el uso de preservativos, pueden frenar el vertiginoso avance de esta enfermedad.
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