satélite
1. m. Astron. Astro celeste que gira alrededor de un planeta, siendo más pequeño que éste y sin luz propia. 2. sátelite artificial. En astronáutica, es un ingenio que al ser lanzado por medio de un potente cohete se estabiliza y se pone en órbita alrededor de la tierra. La luna u otro astro, siguiendo su órbita de acuerdo con las leyes descubiertas por Kepler. Lleva aparatos medidores de presión, temperatura, radiaciones, etc.; también emisoras que comunican con las estaciones de seguimiento. 3. fig. Alguien que depende de otro, le sigue y acompaña. 4. adj. Dícese de una población que está fuera del recinto de una ciudad importante, a la cual se halla vinculada de algún modo. 5. Dícese despectivamente al referirse a un estado dominado por otro. 6. La Tierra tiene un satélite: la Luna; Marte tiene 2; Júpiter, 12; Saturno, 10; Urano, 11 y Neptuno, 2. 7. El primer satélite artificial fue el Sputnik I, lanzado por los soviéticos en octubre de 1957. En el mes de febrero de 1958 los estadounidenses consiguieron el mismo objetivo al poner en órbita el Explorer I. El nombre de satélite artificial se reserva a los ingenios espaciales no tripulados que gravitan en tomo a un planeta. Si estos ingenios son visitados o habitados por el hombre, se les llama estación, compartimento o laboratorio orbital: al tratarse de ingenios destinados a un vuelo no orbital, se habla de vehículos espaciales. La órbita de un satélite que gira en torno a la tierra describe una elipse, uno de cuyos ejes es el centro del planeta. Al cubrir una vuelta completa en torno a la Tierra, se dice que ha cumplido una revolución, y el tiempo que necesita para efectuarla se conoce como período de revolución. En su mayoría, los satélites son lanzados hacia el E; de este modo se aprovecha la velocidad inicial que comunica la rotación de la Tierra al lanzador espacial: así, su dirección es la órbita seguida en el sentido de la rotación del planeta (contraria a las agujas del reloj). Según la altura orbital, su velocidad y objetivo variarán. La velocidad mínima alcanzada por un cuerpo lanzado desde la tierra para ser satelizado, la llamada primera velocidad cósmica, asciende a 7.9 km/s. La segunda velocidad cósmica (liberación de la atracción de la Tierra) es de 112 km/s. La tercera velocidad (evasión del sistema solar) alcanza los 16.6 km/s. Hay tres tipos de satélites: los geosincrónicos, con un período de revolución igual al de la rotación terrestre; los geoestacio-narios, que son los que describen una órbita circular en la línea ecuatorial y parecen inmóviles: los heliosincrónicos, cuyo plano orbital forma un sensible ángulo constante con la recta Tierra-Sol, pasan habitualmente a una latitud dada a la misma hora local (la ascensión recta de cada uno de los nodos tiene la deriva de 360º, por año en sentido directo). Su duración depende de la altitud del perigeo (punto más próximo a la Tierra): es de una semana a 200 km y de un mes a 300 km; la altitud supera los 150 km para que el satélite cumpla más de una revolución; el rozamiento atmosférico tiende a reducir la velocidad, acercándose el satélite a la Tierra. Los satélites geoestacionarios están situados a una altitud de 36.000 km y su tiempo de vida es muy elevado. Se utilizan para las telecomunicaciones como repetidores amplificadores. En agosto de 1960, EE.UU. lanzó el Echo I, un satélite pasivo, reflector de ondas radioeléctricas. Se utilizan con fines pacíficos o militares. Los meteorológicos transmiten imágenes de la capa nubosa de la tierra. Los de observación astronómica han hecho posibles considerables progresos en nuestro conocimiento del universo. Los de reconocimiento y vigilancia tienen fines civiles y militares. Los de ayuda a la navegación emiten señales hertzianas que facilitan el transporte aéreo y marítimo.
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