radiactividad
1. f. Fís. Calidad de radiactivo. Se calcula mediante el número de desintegraciones que se producen en un segundo. Su unidad es el curio, equivalente a 37.000 millones de desintegraciones por segundo. 2 Ciertos elementos pesados, como el uranio, el radio o el torio, se desintegran de forma espontánea emitiendo partículas (núcleos de helio), (electrones) y rayos (fotones de alta energía). Se les denomina radionúclidos (también radioelementos o radioisótopos) naturales. Al bombardear con partículas (por ej., neutrones) elementos no radiactivos, se obtienen radionúclidos artificiales, que al desintegrarse producen radiaciones (posiciones). La radiactividad siempre da lugar a una transmutación de elementos: un cuerpo radiactivo produce otros que también pueden serlo. Una familia radiactiva está constituida por el conjunto de cuerpos obtenidos de un cuerpo radiactivo natural, y su último elemento es estable (p. ej., plomo). Son radiactivos todos los elementos con un número atómico igual o superior a 84, a los que hay que añadir el prometio (61) y el tecnecio (43). Las características de un elemento radiactivo son su período de semidesintegración (tiempo que tardan en desintegrarse la mitad de sus núcleos) y su actividad (cantidad de desintegraciones por unidad de tiempo) expresada en curies (Símb. Ci); l Ci = 3,7 x 10 desintegraciones por segundo; es la actividad de un gramo de radio. Medir la actividad de un cuerpo radiactivo permite saber el tiempo que lleva desintegrándose, y así realizar la datación de muestras, siempre que el período del radioelemento empleado no sea demasiado corto con relación al tiempo a deducir. El carbono 14, con un período de semidesintegración de 5.600 años, permite determinar edades de hasta 10.000 años; el potasio 40, de hasta 80 millones de años. Para investigar la difusión de un elemento en un sólido o un líquido (estudios sobre el metabolismo, experimentos orientados a detectar vida en Marte, etc.) se emplean los radionúclidos, conocidos ahora con el nombre de trazadores. Los cuerpos radiactivos pueden afectar al organismo por irradiación (acción de las radiaciones) o por contaminación (contaminación externa, inhalación, etc.), provocando ionizaciones que producen alteraciones bioquímicas de importancia variable. Las cantidades de irradiaciones se expresan en roentgens o en rems. Las lesiones que provocan, cualquiera sea su origen, aparecen normalmente cuando la irradiación recibida es superior a los 50 rems; una cantidad de unos 500 rems representa el 50% de probabilidades de muerte. Los trastornos provocados por las radiaciones en los organismos vivos se aprovechan actualmente para el tratamiento de tumores (radioterapia), para esterilizar los productos alimenticios y para crear, mediante alteraciones genéticas, nuevas especies en la horticultura y agronomía. El hombre está sometido a la radiactividad natural, y a ésta se le debe añadir la artificial (contaminación por residuos nucleares, rayos X, etc.), y esto significa que la especie humana podría estar en peligro, a largo plazo, por la acumulación de las irradiaciones recibidas y las alteraciones genéticas subsiguientes, provocadas por el crecimiento irracional de los procesos que producen radiactividad: centrales nucleares, explosiones nucleares, etc. En este sentido, actualmente se adoptan medidas de precaución para evitar la exposición excesiva a las radiaciones dañinas. Historia. El fenómeno fue descubierto por Becquerel en 1896, al observar que las sales de uranio emitían una radiación que impresionaba las placas fotográficas e ionizaba el gas. Al investigarlo Pierre y Marie Curie, así como Rutherford, descubrieron también la radiactividad inducida (radiactividad adquirida por un cuerpo expuesto a las radiaciones de otro radiactivo). En 1898, los esposos Curie aislaron del mineral de uranio el polonio y el radio, con una radiación mucho más intensa. Estas investigaciones probaron que la radiactividad provoca siempre una transmutación del elemento. En 1919 Rutherford consiguió la transmutación artificial del nitrógeno en oxígeno. En 1934 se obtuvo el radiofósforo a partir del aluminio. Hoy se logran centenares de transmutaciones radiactivas en las pilas nucleares.
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