prehistoria
f. Parte de la vida de la humanidad que se remonta a los tiempos anteriores a la aparición de los metales. La era cuaternaria, período geológico en que tuvo lugar la aparición del hombre sobre la faz de la Tierra, marca el inicio de la prehistoria, que se considera concluida con la aparición de los primeros grandes imperios de Asia. La base científica de los estudios al respecto la constituyen los hallazgos arqueológicos a través de los cuales se busca conocer la cultura material y espiritual del hombre primitivo. En los yacimientos arqueológicos hay objetos de piedra o de hueso tallados, restos de hombres y animales, y de sus moradas. Los hallazgos se enmarcan después en su contexto paleontológico. Estos estudios han recurrido a otras ciencias como la ecografía estratigráfica (ordenación cronológica de las distintas capas en que se encuentran los objetos), la petrografía y la granulometría (génesis de las capas arqueológicas), la sedimentología (cómo se depositan los sedimentos), y la edafología (estudio del suelo). Para el paleolítico inferior la noción de hábitat es muy embrionario. Se habla de «suelo de hábitat» o lecho construido con base en guijarros, con y sin talla. Se han hallado restos en Etiopía. El período wurmiense se caracterizó por sus temperaturas de frío extremo, por lo que el hombre hubo de refugiarse en la cueva o entre las rocas. El paleolítico medio, con la aparición del hombre de Neanderthal, se caracteriza por la vida al aire libre, en las laderas de valles protegidas del viento. En el paleolítico superior existe ya el homo sapiens, que ocupaba los antiguos emplazamientos de su antecesor. Aparece el hábitat individualizado, la choza o cabaña, semienterrada o no, y cuyo suelo podría estar, o no, pavimentado con guijarros. África es el continente que ha proporcionado más restos líticos. Por ejemplo, el yacimiento de Olduvai (Tanzania) muestra una industria de guijarros tallados. Se considera que golpear dos guijarros entre sí, a fin de obtener lascas, es una de las primeras muestras de inteligencia del hombre. La técnica similar de obtención de fuego por frotación o su conservación, datan de épocas anteriores: se considera al homo erectus como el primer homínido que la aplicó. El paleolítico inferior está poblado por el tipo achelense. Abundan los bifaces y persisten los guijarros tallados. Europa occidental es la zona del musterniense, con bifaces y rascadores de puntas. Estas formas se prolongarán en el paleolítico superior, aunque evolucionarán más rápidamente y de modo más diferenciado que en períodos anteriores, ampliándose la gama de herramientas líticas. El paleolítico superior ya no sólo nos deja útiles en piedra y marfil, sino que también aparecen las primeras obras de arte: grabados y murales, esculturas hechas con un buril de sílex y coloreadas con mezclas de tierras naturales. El arte rupestre del paleolítico gira en torno a la exaltación del mundo animal. Los grandes frescos de Lascaux, en Francia, y de Altamira, en España, en el magdaleniense inferior y medio, marcan la etapa más fructífera. Las primeras formas de organización social y la agricultura aparecen en el neolítico, acompañadas de un perfeccionamiento de la cerámica (mayor variedad de formas, pulido, decoraciones diversas). El fin del neolítico es pródigo en megalitos, monumentos funerarios gigantescos, y en la talla del sílex. En África, por otra parte, se desarrolla un arte más sinóptico que el magdaleniense. La edad de los metales hace referencia al período que se inicia aproximadamente 4.000 años a.C. El hombre se vuelve sedentario, fabrica vasijas de barro cocido, ara la tierra y descubre el cobre y el estaño. El primer período de esta edad es el del bronce, que se utiliza para fabricar armas, joyas y herramientas. A continuación aparece el período del hierro, en que el hombre descubre y aprende a utilizar este metal (900 a.C.). La edad de los metales marca el inicio de la historia: surgen los grandes imperios asiáticos y el de Egipto y, por otra parte, fenicios y griegos se lanzan a explorar el Mediterráneo. En cuanto al arte prehistórico, su evolución está relacionada con la situación geológica. En los períodos glaciales, al inicio de la era cuaternaria, la humanidad se vio obligada a vivir en las cavernas. De esa época se han encontrado grabados y pinturas de notable realismo. Las pinturas rupestres más famosas son las del sudoeste de Francia y las del norte y este de España. También en el Sahara se han encontrado restos de arte prehistórico. Cuando los glaciares se retiraron, unos diez mil años antes de nuestra era, el hombre del neolítico abandonó las cavernas para construir ciudades lacustres. Los grandes monumentos megalíticos (dólmenes, menhires y cromlechs) datan de unos 2.500 años a.C.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.