hombre
1. m. Animal racional. 2. Varón. 3. El que ha llegado a la edad viril o adulta. 4. vulg. Marido. 5. Unido a algunos sustantivos por medio de la prep. de, se refiere al que posee las cualidades o cosas significadas por los sustantivos: hombre de ciencia, hombre de honor. Antropología. El grupo de los homínidos, del que es adláter el de los prehomínidos, está constituido sólo por el género Homo, que abarca a todos los pitecántropos (Homo erectus) de Java, Mauritania, China (hombre de Pekín), a los neanderthales (Homo sapiens neanderthalensis), que coincidieron durante cierto tiempo con el Homo sapiens, y al hombre actual. El Homo sapiens fossilis, que apareció hace menos de 50.000 años, fue el primer tipo de Homo sapiens; también se le conoce como hombre de Cro-Magnon, y poseía un grado de evolución, muy superior al de los neanderthales. Existe una teoría que afirma que el hombre actual desciende, a través de los homínidos de Swanscombe o de Steinheim, anteriores al Homo sapiens por tanto llamados presapiens, y del australopiteco A, siendo ramas paralelas los australopitecos B, los pitecántropos y los neanderthales. Estas teorías se basan en el descubrimiento en Swanscombe (Gran Bretaña) y en Steinheim (Württemberg) de fósiles de una antigüedad superior a los 250.000 años, con características intermedias entre el hombre de Cro-Magnon y el australopiteco (género Australopithecus, tipo A, grupo de los prehomínidos). La adopción de la postura bípeda liberó las manos de la función locomotriz, y propició el aumento del volumen cerebral. Numerosos neanderthales, además del Homo sapiens, ya conocían la industria lítica. Filosofía. Todos los saberes (filosofía, historia, ciencia, etc.) afrontan el conocimiento del hombre. La teoría hebrea de un hombre concebido a imagen y semejanza de Dios puede ser el primer argumento de la dignidad del hombre. Esta afirmación era sorprendente en una época en que se consideraba que solamente los reyes y los gobernantes –recuérdese el caso de Egipto– estaban emparentados con la divinidad. A pesar de ello, los egipcios creían en la pervivencia de un sustrato del ser más allá de la muerte. A partir de esta idea se momificaban los cadáveres y se los alimentaba en sus tumbas, reflejándose esta ideología en la construcción de las pirámides. El pensamiento de origen cristiano, que veía al hombre como una encarnación de un logos universal, se vino a sumar a esta tradición. Durante el Renacimiento, estas dos tendencias, la griega (que daba gran importancia al sustrato carnal) y la cristiana (que defendía la supremacía del espíritu), alcanzaron una síntesis perfecta. En esta época surge la idea de que el hombre puede llegar a dominar la naturaleza, de la que es símbolo. A partir de esta idea se crearían las dos vertientes del pensamiento universal: la oriental, y la occidental centrada en la revolución tecnológica. A partir del siglo XIX el problema del hombre se pone en conexión con el entorno social que lo envuelve. Frente a esa nueva concepción, representada por las filosofías de Marx y Engels, se alzó la filosofía de corte vitalista del alemán Nietzsche, que culminaba en la búsqueda del absoluto en la figura del superhombre. Estas dos tendencias se han ido repitiendo a lo largo de la historia de la humanidad. Por un lado, un pensamiento que entiende al hombre como un ente inscrito en el tiempo y en la sociedad, y que por tanto le confiere el poder de afrontar la transformación de ese entorno social y económico, filosofía que tiene presupuestos materialistas. Y por el otro, una concepción de carácter idealista, que defiende la idea de un hombre que, elevándose por encima de las consideraciones temporales y sociales, desmarcándose de la evolución de la humanidad en los aspectos tecnológicos y del desarrollo de la sociedad, presta su atención exclusiva a la evolución de su espíritu, al desarrollo del interior del ser humano, en vez de enmarcarlo en el vasto campo de relaciones que entabla con el mundo que lo circunda.
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