Grecia o República Helénica
Estado europeo situado en el sur de la península de los Balcanes. 131.957 km2; gentilicio: griegos. 10.665.989 hab. (2003). Capital: Atenas. Geografía física y económica. El país está dividido en una parte continental y una serie de islas: Jónicas, Cícladas, Espóradas y Creta, que suponen una cuarta parte del territorio nacional. Los elementos básicos de su geografía física son la montaña y el mar, con escasas llanuras, que constituyen casi una excepción: sólo son importantes las de Macedonia, Tesalia, el Ática y Tracia. Clima mediterráneo en todo el país, con numerosos microclimas. Los principales productos agrícolas son la vid, el olivo, el trigo, las frutas, el tabaco y el algodón. Se destaca también la ganadería ovina. El principal elemento de la riqueza minera lo constituye la bauxita, a la que siguen en importancia el lignito y el hierro. Las industrias alimentaria y textil siguen siendo las más importantes, en un país en que el desarrollo industrial en general adolece de la falta de fuentes energéticas propias. La industria moderna, situada en torno a Atenas y Tesalónica, está basada en la importación de petróleo (industria química). La flota comercial, una de las mayores del mundo, es uno de los elementos importantes a nivel económico, junto con el turismo y las remesas de los emigrantes a los países más industrializados de Europa. El país tiene una red de comunicaciones deficiente, si se exceptúan las rutas turísticas. La balanza comercial es, en general, deficitaria. Historia. En el siglo XIX a.C. llegan a la Grecia continental las primeras tribus indoeuropeas, básicamente aqueos y jónicos, que se extienden por todo el país. En el siglo XV empiezan a extenderse por Asia Menor los reinos aqueos, y un siglo más tarde uno de sus caudillos destruye Troya (este episodio formará parte de La Ilíada, descrito en forma legendaria en el siglo IX). En el siglo XII los dorios, una nueva tribu, inician su implantación en el país y hacen retroceder hacia Jonia (Asia Menor) y las islas mediterráneas a los aqueos, cuya cultura desaparece. Sigue un período de dos siglos, poco conocido a nivel histórico, hasta el siglo IX, en que el país se halla dividido en polis, agrupaciones de clanes que han ido constituyéndose lentamente y cuya estructuración política, económica y religiosa es muy acentuada. Durante varios siglos (del VIII al VI) predominan en esta configuración del país dos ciudades: Atenas, que no sufrió la invasión dórica y que en el siglo VII estaba gobernada por arcontados, magistrados elegidos anualmente, régimen que sustituyó a la antigua monarquía; y Esparta, constituida en el siglo IX por diversos pueblos, y que después de varios siglos de luchas controla el Peloponeso. En el siglo VII empieza la colonización griega, encabezada por los comerciantes atenienses, pero en la que también toman parte de forma notable las ciudades de Calcis, Corinto, etc. La colonización se hace patente, sobre todo en Oriente (Focea, Mileto, etc.) y en el sur de Italia (Magna Grecia). Pero en el siglo VI los persas consiguen dominar las principales ciudades griegas: Mileto, Abidos, Éfeso y Quíos dependen de ellos. Este yugo llevará a la sublevación de los griegos, lo que dará lugar a las guerras médicas, en el siglo V. Victoria tras victoria, Atenas, aliada con otras ciudades por el pacto de Delos, consigue ocupar el primer puesto del comercio en el Mediterráneo oriental, y expandirse aún más. Es la época de mayor brillantez de Atenas, el «siglo de Pericles», que señala el apogeo del arte clásico, en una región que además aparece como modelo de gobierno democrático (aunque estaba basado en un sistema de esclavitud). Pero los errores políticos llevaron a Atenas, que arrastró a todo el país, a la derrota en las guerras del Peloponeso (contra Esparta). Esparta salió victoriosa de la contienda entre ambas ciudades, aunque a su vez fue derrotada por Tebas. Los enfrentamientos internos del país facilitan la expansión de Macedonia, que a partir de entonces se adueña de la situación, al tiempo que consigue la unificación de Grecia en una federación. Con esta nueva unidad constituida, Grecia se hallará en condiciones de enfrentarse a la potencia del imperio persa. A la muerte de Filipo de Macedonia, Alejandro Magno, su hijo, inicia la conquista de Asia (334). En el año 323 Alejandro muere y su imperio se deshace. Sus sucesores, los generales griegos victoriosos, se reparten los territorios: Macedonia queda en manos de Casandro. Asia Menor y Tracia son para Lisímaco, Babilonia, para Seleuco, y Egipto para Ptolomeo. El momento coincide con un nuevo apogeo cultural (arte helenístico). Los griegos, que no han aceptado el poder macedónico, se alían contra el enemigo común, fundando diversas ligas (la más famosa es la Liga aquea); pero Esparta hace lo contrario y consigue salir victoriosa. Así pues, Grecia seguirá sometida a Macedonia hasta el siglo II. Por otra parte, los romanos irrumpen en el mundo griego, Macedonia se convierte en una provincia más del imperio romano y toda Grecia será también, a partir de entonces, parte de este mundo. Las ciudades griegas sufren, así mismo, los continuos ataques de los bárbaros. El siglo IV supone, con la fuerza del imperio bizantino, el fin de la preponderancia cultural de Grecia. Esta Grecia, que ya forma parte de Bizancio, seguirá siendo invadida durante dos siglos por las tribus bárbaras. Más tarde sufrirá también las incursiones de árabes, búlgaros, venecianos, etc., antes de que le llegue su momento al imperio turco. La ocupación turca marca profundamente al mundo griego. Los griegos estarán bajo el yugo turco hasta el siglo XIX. Su lucha por la independencia se inicia en 1821; cuentan con la ayuda de Inglaterra, Francia y Rusia. La batalla naval de Navarino, en 1827, es un momento importante de dicho proceso. La independencia definitiva llegaría en 1832. El nuevo reino de Grecia padeció en sus inicios una gran inestabilidad política. Su primer rey fue un príncipe alemán, Otón I (reinó entre 1833 y 1862). A partir de 1863 y hasta 1913 reinó Jorge I, de origen danés. Al finalizar la guerra entre Turquía y Rusia, el sur de Epiro y Tesalia pasa a formar parte del país griego. Las guerras balcánicas de 1912-1913 suponen para Grecia la incorporación de Creta, las islas Espóradas del Norte, gran parte de Epiro y Macedonia. En el marco de la primera guerra mundial, el político Venizelos triunfa sobre el monarca Constantino I, quien se inclinaba por los imperios centrales. El rey se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Alejandro I. Los tratados sucesivos de Sèvres y Neuilly (1919-1920) enriquecen a Grecia con la anexión de Tracia. Pero entre 1920 y 1922 tiene lugar una nueva guerra con Turquía: el país otomano no acepta los tratados. Los resultados son desastrosos y Grecia se ve obligada a acoger a más de un millón de refugiados procedentes de Asia Menor. A la muerte de Alejandro I se llama de nuevo a Constantino I; pero en 1922 se le obliga nuevamente a abdicar, esta vez en beneficio de Jorge II, también hijo suyo. En 1935 nuevamente se intenta cambiar el régimen requiriendo a Jorge II como rey. Pero en realidad quien ejerce el poder entre 1936 y 1941 es el general Metaxas. En el curso de la Segunda Guerra Mundial, Grecia es sucesivamente ocupada por los italianos (en 1940), los alemanes (en 1941) y los aliados (en 1944). Entre 1944 y 1949 el país padeció un estado de guerra civil intermitente. Por último, el gobierno venció a la guerrilla comunista. Entre 1941 y 1946, Jorge II estuvo exiliado; en 1947 fue sucedido por Pablo I. El Tratado de París, firmado en 1947, incorporaba a Grecia, Rodas y otras islas del Dodecaneso. En 1964 Constantino II sucedió a Pablo I. En un principio, este rey aceptó el golpe militar de 1967. En diciembre del mismo año se exilió. Se instaló entonces en el poder una junta militar, iniciándose lo que se llamó el «régimen de los coroneles». Su hombre fuerte era Papadopoulos, quien en 1973 proclamó la República. La junta militar llamó en 1974 a Karamanlis; la situación era difícil, tanto por el conflicto chipriota como por la grave bancarrota financiera. Karamanlis restableció las libertades públicas y celebró un referéndum. Esta consulta popular aprobó el régimen republicano, alejando definitivamente la monarquía. La nueva democracia se fue consolidando, y se vieron signos de su aceptación. En 1975 entró en vigor una nueva Constitución. Los gobiernos de Constantino Tstsos en 1975, y de Papandreu en 1981, intentaron mejorar la industria, fortalecer la agricultura y construir vías de acceso. El país fue admitido en la Comunidad Económica Europea, y a través de los subsidios logró incrementar ostensiblemente el ingreso per cápita. En 1996 Konstantinos Simitis fue elegido presidente, y reelegido en 2001 gracias a su gestión en la economía del país, que se ha fortalecido en los últimos años. En 2004 pudo celebrar de manera exitosa los Juegos Olímpicos de Verano, con inversiones superiores a los 5 mil millones de dólares. En 2005 Karolos Papoulias sucedió en la presidencia de la república Hélenica a Kostis Stephanopoulos. Arte y literatura. De Grecia proceden las formas más elevadas, originales y perfectas de la literatura antigua. La épica nace de las profundidades del alma nacional helénica en La Ilíada y La Odisea y en los poemas cosmogónicos de Hesíodo. La poesía lírica, sea de carácter religioso, elegíaco o político, le sucede en el siglo VI a.C.: Terpandro, Arquíloco, Solón, Simónides, Tirteo, Safo, Alceo, Anacreonte, Baquílides, Píndaro, etc. Los géneros literarios llegan a su forma más depurada en la época clásica, y especialmente en el siglo de Pericles: la tragedia con Eurípides, Esquilo y Sófocles; la comedia con Aristófanes; la filosofía con Platón y Aristóteles; la historia con Herodoto, Jenofone y Tucídides y finalmente, la elocuencia con los oradores de la escuela ática, entre los que destacan Demóstenes, Isócrates, Esquines, Lisias y Licurgo. Con posterioridad al siglo IV a.C., la literatura mantiene su habilidad técnica e incluso la mejora, si bien pierde en vigor y en originalidad. Se trata de los períodos alejandrino y grecorromano. Los poetas, como Quinto de Esmirna y Apolonio de Rodas, toman por modelo a Homero y a los grandes clásicos o se limitan a campos más modestos como el epigrama o el idilio (Teócrito). Aparece la novela con Luciano y los Cuentos milesios. Pero es en el campo de la Filosofía donde se mantiene una excelente situación: las tendencias principales: el neoplatonismo (Epicuro), el estoicismo (Zenón) y, sobre todo, el neoplatonismo (Plotino, Jámblico y Porfirio). Entre los cultivadores de la historia hay que citar a Polibio, Diodoro de Sicilia, Estrabón, Pausanias, Dionisio de Halicarnaso y Plutarco.
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