Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Reino Unido de
Estado insular de Europa occidental. Capital: Londres. 244.820 km2. Régimen político: monarquía constitucional. Geografía física y económica. La isla, de unos 1.000 km de largo de N a S, es de forma alargada, de modo que ningún punto queda a más de 120 km de la costa. Al N y al O se encuentran los antiguos macizos montañosos: Highlands y Grampianos, en Escocia (con el Ben Nevis, de 1.340 m, cota más alta de la isla); Peninos, las montañas galesas y las alturas de Devon y Cornualles. Las regiones montañosas del SE, formadas por la cuenca sedimentaria de Londres, ofrecen otro relieve. En ellas la erosión ha creado un paisaje de colinas: Costwold Hills, North Downs, y South Downs. La costa, a grandes rasgos, es rectilínea en el E y alta, rocosa y accidentada en el O. El clima oceánico es más húmedo al oeste (macizos expuestos a los vientos del O) que al este. Los ríos, de poca longitud, por lo general desembocan en profundos estuarios navegables. La población es principalmente urbana (85%); la alta densidad (230 h/km2 es, sobre todo, sensible en las siete aglomeraciones urbanas de más de un millón de habitantes, donde se concentra más de un tercio de la población británica: Londres, Birmingham, Liverpool, Manchester, Leedsbradford, Newcastle y Glasgow. Como el país tiene poca extensión de tierra laborable, esto explica que el sector agrícola, que sólo ocupa al 3% de la población activa, sea marginal. Sin embargo, satisface la mitad de la demanda de la isla, pues obtiene grandes rendimientos debido a un alto grado de mecanización y una tecnología avanzada. El sector agrícola se caracteriza por el provecho indirecto que de él sacan los propietarios, y por su estrecha asociación con la ganadería. La región agrícola propiamente dicha se sitúa al SE: producción de cebada, avena, remolacha azucarera, trigo, patatas y plantas forrajeras. Importante cabaña ganadera (bovina y ovina). Actividades pesqueras en el mar del Norte (bacalao, arenque), con los puertos de Aberdeen, Hull y Grimsby. La economía británica se basa en una industria muy diversificada, que ocupa al 42,3% de la población activa. Se desarrolló a partir del siglo XVIII gracias a las riquezas mineras: hulla (cuenca del Yorkshire, Durham, Midlands y País de Gales), hierro (Midlands) y otras materias primas de importación (lana y algodón), que permitieron revitalizar la antigua industria lanera. Actualmente la hulla está siendo sustituida por el petróleo, ya que la producción petrolífera nacional es cada vez más importante (gracias a los yacimientos del mar del Norte). Ostenta el rango de quinto productor mundial de gas natural, cubre el 3% de la demanda energética con energía de origen nuclear. Importa parte del hierro necesario para alimentar a la segunda industria metalúrgica de Europa, desarrollada en las cuencas hulleras y cerca de los grandes puertos de comercio minero: Port Talbot, Newport. Su industria naval ocupa el segundo rango europeo; la automovilística y la aeronáutica son más dispersas. En la industria textil, la lana y el algodón (procedentes de Lancashire y Yorkshire) han sido sustituidos por fibras sintéticas. El sector químico también es importante. La red viaria, aunque densa, en muchos casos está poco actualizada. Historia. Las invasiones que se sucedieron hasta el siglo XII dieron forma a la población británica. Los romanos invadieron la isla en el año 55 a.C.; estaba poblada entonces por varios pueblos celtas (pictos, bretones, escotos). Durante el siglo I d.C. extendieron sus conquistas hasta Escocia. La evangelización se inició en el siglo IV. Al abandonar los romanos la provincia de Bretaña (407), los anglos y sajones invadieron a su vez la isla, y se instalaron en el sur (Inglaterra) tras derrotar a los celtas. Allí fundaron siete reinos (heptarquía), unificados por el rey Egberto hacia el siglo VIII. Durante el reinado de esta monarquía, en que se realizó la cristianización del país, éste fue sometido por los daneses de Canuto (Knud) el Grande (1017-1035) y luego por Guillermo el Conquistador, vencedor de Hastings (1066), quien fundó con los normandos el gran reino anglonormando. Sólo entonces cesaron las invasiones. A partir del siglo XII la dinastía británica de los Plantagenet y los monarcas franceses se vieron enfrentados, debido a que los vastos dominios de los Plantagenet en Francia los hacían vasallos de los Capeto. Tras ser derrotado en Bouvines, Juan sin Tierra se vio obligado a otorgar a la nobleza levantisca la llamada Carta Magna (1215), a la que siguieron las Provisiones de Oxford (1258) en tiempo de Enrique VIII. La corona inglesa conquistó Irlanda en 1175; en 1284 dominaba el país de Gales. La guerra de los Cien Años (1337-1453), en que Inglaterra perdió sus posesiones continentales fue originada por las reivindicaciones de la corona francesa por parte de Enrique III. Tras la guerra de las Dos Rosas (1455-1485), en 1534, Enrique VIII se auto nombró “Jefe de la Iglesia de Inglaterra” (Acta de Supremacía). Se originaron entonces dudosos enfrentamientos con Roma, que darían lugar al nacimiento de la Iglesia anglicana. Con Isabel I se reafirmó y desarrolló el poder marítimo inglés. Al morir ésta, sin esposo ni hijos, el rey de Escocia Jacobo I, Eduardo, fue coronado rey de Inglaterra (1603-1625). Así se iniciaba la unión definitiva de los dos reinos, ratificada en 1707 por el Acta de Unión. El Parlamento combatió duramente a los Estuardo, católicos y con tendencias absolutistas. El calvinismo se infiltró entre las distintas capas de la sociedad inglesa, por lo que al antiguo problema político se sumó el religioso. Gracias a ello, Cromwell pudo derrotar y ejecutar a Carlos I proclamando entonces la República (1469-1653), de la que se declaró «lord protector» (1653-1658). Por la rápida impopularidad del nuevo régimen burgués (con 100 años de adelanto a la Revolución francesa), la monarquía de los Estuardo fue restablecida con Carlos II (1660-1685) y Jacobo II (1685-1689) y sustituida por la de los Nassau-Orange (1689). En 1689, Guillermo III firmó la Declaración de Derechos (1689), por la que se establecía el régimen constitucional. Los Hannover accedieron al trono con Jorge I (1714-1727), en virtud del Acta de Establecimiento (1701). La revolución agrícola e industrial, iniciada en 1750, provocó una profunda transformación de sus estructuras sociales y lo convirtió en el primer país de la civilización técnica. Gran Bretaña pudo desarrollar una política colonial mediante su importante flota, y adueñarse de propiedades españolas así como de la mayor parte de las colonias francesas de América e Indias. Sin embargo, las primeras consiguieron la independencia en 1783, con la ayuda francesa. En contrapartida, Gran Bretaña se unió con Irlanda y en 1800 adquiría el nombre de Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda. Dueña de los mares, fue la mayor potencia económica del siglo XIX e instauró el libre cambio comercial. Con la llegada de las reformas (reconocimiento de los sindicatos, reforma electoral), el sistema británico adquirió su carácter democrático. El imperio colonial se consolidó, sobre todo bajo el mandato de la reina Victoria (1837-1901) y se extendió a África. Al acabar la primera guerra mundial (1914-1918) surgieron las primeras dificultades, culminando en la fuerte crisis económica y social de 1920, a raíz de la cual surgió el proteccionismo económico. Tras una lucha sangrienta, gran parte de Irlanda logró constituirse en Estado libre en 1922. En 1931 el imperio se transformó en la Commonwealth. Al ser invadida Polonia, con la que Gran Bretaña había firmado un tratado de defensa, ésta se vio involucrada en la Segunda Guerra Mundial. Winston Churchill, con la colaboración unánime del pueblo británico, organizó la lucha contra el nazismo. El país padeció los devastadores bombardeos de la aviación alemana y el lanzamiento de las primeras bombas volantes. Cuando EE.UU. intervino en la guerra, su situación empezó a mejorar. Desde Gran Bretaña se organizó y realizó el desembarco aliado en el continente, primer paso para la derrota de Alemania. Al finalizar la guerra, los laboristas (bajo la dirección de Attlee) gobernaron el Estado, muy debilitado por el conflicto y el envejecimiento de su estructura industrial. Se inició entonces la descolonización y, con ella, la pérdida del imperio; la República de Eire (Irlanda) proclamó su total independencia. Laboristas y conservadores se han turnado en el poder. Los conservadores fueron reelegidos en 1979, bajo el liderazgo de Margaret Tatcher y en 1990 con John Mayor, quien sufrió una amplia derrota en las elecciones de 1997 luego de 18 años de poder conservador, dándose paso así al partido laborista en cabeza de Tony Blair, de 44 años, convirtiéndose en el Primer Ministro más joven del Reino Unido en 185 años. Su agenda pretende reactivar la economía, mantener bajo el desempleo, conversaciones de paz para el desarme de IRAK, levantar el embargo económico a las exportaciones de carne británica (enfermedad de la vaca loca), decisión sobre participación en la moneda única, y educación. Isabel II, actual soberana, heredó el trono de su padre, Jorge VI, en 1952. El príncipe Carlos es el heredero de la corona. En 1997 la princesa Diana falleció en un accidente automovilístico, y en 2002 murió la reina madre Isabel. El gobierno de Tony Blair ha alentado el dinamismo empresarial, se ha mantenido cauteloso con la Unión Europea, centrando sus intereses en la coalición con EE.UU. En 2003, Inglaterra secundó a EE.UU. en la invasión de Irak, lo que le valió fuertes críticas al primer ministro Tony Blair, quien logró superar a los opositores. En mayo de 2004 se evitaron ataques terroristas al metro de Londres y la economía presenta un crecimiento superior a la media europea. En julio de 2005 se produjo un nuevo ataque terrorista en buses de servicio público en tres puntos de Londres ocasionando la muerte a más de 200 personas. Los atentados fueron asumidos por Al-Queda para desestabilizar la Cumbre del G8. En junio de 2007 Gordon Brown asumió el cargo como primer ministro del Reino Unido después de la renuncia de Tony Blair tras diez años de gobierno. Arte y literatura. La cultura inglesa es una de las más fuertes del mundo, pues primero Inglaterra, como potencia mundial en el siglo XIX y mediados del XX, y luego el liderazgo de EE.UU., han hecho del arte, la literatura, la arquitectura y las tradiciones inglesas parte del colectivo cultural de la humanidad. El aporte más significativo es la lengua inglesa, hablada hoy por el 20% de la población mundial y utilizada como lenguaje internacional para la diplomacia y el comercio. Las dos guerras mundiales libradas evidenciaron el temple del inglés promedio, dado a sortear las dificultades con gallardía a pesar de lo difíciles que sean. A pesar de la predominancia estadounidense, la cultura inglesa sigue manteniendo su importancia, y cada año libros, álbumes musicales, películas y corrientes de pensamiento generadas en Inglaterra, son promocionadas en todo el mundo.
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