América
Geog. El segundo de los continentes en superficie y el tercero en población. Ocupa una extensión total de 42´974.372 km2, que representa casi el 30% de las tierras emergidas, repartida desigualmente entre los dos hemisferios (aproximadamente el 65% en el hemisferio N o boreal 27.328.190 km² y el 35% en el hemisferio sur o austral -14.715.179 km²), desde el océano Ártico hasta el cabo de Hornos. lcanza una longitud máxima de 16.000 km., de N a S, y una anchura máxima de 6.440 km., en América del Norte. Está limitado al N por el océano Ártico; al NE por el mar de Groenlandia; al E por el océano Atlántico; al S por la unión de los océanos Atlántico y Pacífico; al O por el océano Pacífico, y al NO por el mar y el estrecho de Bering. El Ecuador lo atraviesa por una línea imaginaria que pasa por la desembocadura del Amazonas, en el E, y a unos 22 km al norte de Quito, en el O. El océano Atlántico lo separa de Europa y África, está separado del noreste de Asia por el estrecho de Bering y del resto del continente asiático por el océano Pacífico. Geografía física. Orografía. América es un continente formado por dos grandes masas continentales unidas por una estrecha franja de tierra que se divide convencionalmente en tres grandes sectores o subcontinentes: América del Norte, hasta el istmo de Tehuantepec (México); América Central hasta el istmo de Panamá, y América del Sur. Las plataformas continentales de América del Norte y del Sur formaban parte originaria de los dos primitivos bloques continentales, el bloque noratlántico, constituido por Eurasia y América del Norte, y el bloque austral o antiguo continente de Gondwana, que comprendía América del Sur, África, Australia, Groenlandia y la Antártida. El escudo canadiense, en el NE; los montes Apalaches, en el E, y las montañas Rocosas en el O, constituyen las principales regiones geográficas de América del Norte. El escudo canadiense es una gran llanura parcialmente erosionada por los glaciares, poco elevada, que comprende la mitad oriental de Canadá, se prolonga hasta los archipiélagos que rodean la isla de Groenlandia y hacia el S desciende por el centro norte de Estados Unidos, hasta la región de los Grandes Lagos. Está ligeramente inclinada hacia el O, forma una depresión alrededor de la bahía de Hudson en el extremo oriental, en la península del Labrador, supera los 1.600 m de altitud en los montes Torngat. Por el SE queda limitada por los montes Apalaches, que alcanzan la máxima altura en monte Mitchell, de más de 2.050 m, constituidos por una serie de alineaciones montañosas separadas por valles longitudinales cuya formación se remonta a la era Paleozoica. Al O, bordeando todo el litoral occidental de América, sucede una serie de cordilleras de gran desarrollo que se inician en la península de Alaska con la cordillera de Brookrange y los montes Alaska, que en la cumbre del monte McKinley (6.236 m) alcanza la máxima altitud del subcontinente norteamericano. Estos dos sistemas montañosos se prolongan hacia el sur por la cordillera de las montañas Rocosas, en el interior, y la cordillera costera canadiense, a la cual se unen en territorio estadounidense la cordillera de las Cascadas y la sierra Nevada, que recorre en toda su longitud la península de la Baja California (México). En México, el doble cordón montañoso que desciende desde Alaska tiene su continuación a través de la sierra Madre Occidental y la sierra Madre Oriental, que forman los dos rebordes del altiplano mexicano. Éste queda limitado al sur por la cordillera Teovolcánica, que posee varios volcanes activos, y a partir de la cual se desarrollan la sierra Madre del Sur, la sierra Madre de Oaxaca y la sierra Madre de Chiapas. Una de estas ramas se hunde en las aguas del mar Caribe, reaparece, luego, en el sureste de Cuba y se prolonga hasta las Antillas. Otro ramal desciende por América Central y penetra por el extremo noroeste de América del Sur hasta el río Atrato, en Colombia; en América del Sur sobresalen tres grandes regiones geográficas: la cordillera de los Andes, los macizos de las Guayanas y Brasil y las grandes llanuras del centro y SE. El cerro Aconcagua (6.959 m), en los Andes argentinos, es el pico más alto de América. Hidrografía y lagos. En América se encuentran tres de las cuatro cuencas fluviales más extensas del mundo y dos de los tres ríos de mayor longitud: Amazonas-Ucayali (7.050.000 km² de cuenca 6.280 km de longitud), Mississippi, Missouri (3.650.000 km²; 2 .970 km) y Río de la Plata-Paraná (3.140.000 km; 4.700 km). Debido a la configuración del relieve, los principales ríos americanos son tributarios del océano Atlántico; los que pertenecen a la cuenca del Pacífico, formados en las cordilleras occidentales, son cortos y descienden por fuertes pendientes. En América del Norte, entre los ríos que desembocan en el océano Ártico, se destacan por su curso y caudal el Yukón (2.900 km), el Mackenzie (4.090 km), a través del cual desaguan el Gran Lago del Esclavo y el Gran Lago del Oso, y el Nelson (2.680 km), que atraviesa el lago Winnipeg. Entre los ríos tributarios de la vertiente atlántica sobresalen, de N a S, el San Lorenzo (3.075 km), por el que desaguan los Grandes Lagos (Superior, Hurón, Erie y Ontario), el Mississippi-Missouri y el río Grande o Bravo del Norte (3.000 km). Los dos últimos desembocan en el golfo de México, y el Grande o Bravo del Norte sirve, además, de frontera entre Estados Unidos y México. En América del Sur los más importantes son el Magdalena (1.530 km), que vierte sus aguas en el Caribe, el Orinoco (2.750 km), que desemboca en un amplio delta; el Amazonas, notable por su anchura y caudal, y el conjunto integrado por el Paraná y el Paraguay, que forman en su desembocadura el gran estuario del Río de la Plata. l continente americano posee, en conjunto, más de 180.000 km de costas. El litoral es muy recortado en las vertientes N y NE, por efectos de una erosión muy activa que ha originado un mosaico de islas, numerosos estrechos y pequeños mares interiores. Las aguas del Ártico permanecen heladas varios meses al año, dificultando la navegación. El mar de Beaufort, la bahía de Hudson y la península del Labrador son los principales accidentes costeros que se encuentran en este sector, donde se hallan además varios archipiélagos y algunas de las grandes islas americanas, como la de Groenlandia (2.175.600 km²), la de mayor extensión del mundo, dependiente de Dinamarca, y la isla canadiense de Tierra de Baffin (476.065 km²). La costa atlántica de América del Norte tiene como accidentes más notables el golfo de San Lorenzo, frente al cual se halla la gran isla de Terranova (112.300 km²), y el golfo de México, que se abre entre las penínsulas de Florida (Estados Unidos) y Yucatán (México, Guatemala y Belice). El golfo de México y el mar Caribe, comunicados entre sí por el canal de Yucatán, forman lo que se designa a veces como el “Mediterráneo americano” en el que se encuentran los archipiélagos antillanos. En el litoral atlántico de América del Sur sobresalen los grandes deltas que forman el Orinoco y el Amazonas, así como la desembocadura del sistema hidrográfico formado por el Paraná y el Paraguay, que origina el gran estuario del Río de la Plata. La costa atlántica es baja y poco accidentada, mientras que la costa del Pacífico, que ocupa toda la fachada occidental del continente, es en su mayor parte elevada y rocosa. Sus principales accidentes son, de N a S, la península de Alaska, los archipiélagos costeros situados al norte de la isla de Vancouver y la península de Baja California, con el golfo de California, en América del Norte; el golfo de Panamá, en América Central, y la cadena de archipiélagos chilenos en América del Sur. Debido a la gran extensión superficial de América, que abarca los dos hemisferios, se aprecia en sus tierras una extraordinaria diversidad climática y una inversión simétrica de las estaciones. En el extremo septentrional predomina el clima boreal, con temperaturas que descienden a varios grados bajo cero más de siete meses al año, suelos helados y vegetación de tundra (musgos, líquenes y pequeñas hierbas). En la franja central y meridional de América del Norte aparece el clima continental, evolucionando gradualmente de frío a templado, con temperaturas que oscilan entre -20° C y hasta 25° C. En el E y SE la pluviosidad es relativamente elevada, mientras que en el sector occidental, de las montañas Rocosas a la altiplanicie mexicana, donde sólo una estrecha franja litoral recibe la influencia marítima del Pacífico, el clima varía de semiárido a árido. El clima de América Central es tropical o subtropical húmedo, con copiosas lluvias en la franja oriental aportadas por los alisios y temperaturas que oscilan entre más de 40° C y menos de -10° C en las cumbres más altas. En la región del Caribe y las Antillas se dan además, con periódica frecuencia, los ciclones, tornados y huracanes que causan graves daños y a menudo se desvían hacia el noreste de México y el sureste de Estados Unidos. En la mitad norte de América del Sur se encuentran cuatro regiones climáticas: la zona ecuatorial-tropical, hasta el trópico de Capricornio, con temperaturas constantes de 20 a 25° C y 1.000-2.000 mm de pluviosidad anual; la zona templada, hasta el límite de la Pampa; la zona árida, en la franja costera de Perú y Chile y la zona fría, en los Andes meridionales y el extremo sur del continente. En correspondencia, con esta diversidad climática la vegetación se presenta también escalonada: en América del Norte, al sur de la tundra, aparece el bosque de coníferas que en la zona templada se mezcla con encinas, robles, cipreses y secuoyas. En el centro y sur de Estados Unidos y el centro de México dominan la pradera y la estepa. Desde la región centroamericana hasta el sur de la Amazonia se encuentran el bosque tropical y la selva ecuatorial, que hacia el sur desaparecen en beneficio de la sabana (Chaco) y la estepa (pampa argentina). En América coinciden dos de las primeras potencias económicas mundiales, Canadá y Estados Unidos, con un bloque intermedio formado por países semiindustrializados o en vías de desarrollo, como México, Brasil, Venezuela y Argentina principalmente, y otro bloque mucho más numeroso que componen los países que apenas sobrepasan los límites del subdesarrollo. Los recursos naturales de América superan a los que poseen los demás continentes, y además están repartidos de forma bastante igualitaria por todas las tierras continentales. La agricultura es impracticable, tanto en el extremo septentrional (Canadá) como en el meridional (Chile, Argentina) a causa del extremado rigor del clima, así como en las zonas más elevadas de las regiones montañosas. En cambio, en el interior de los dos subcontinentes, América Central y la región insular del Caribe, se benefician de la diversidad climática, que permite variados cultivos. Los cereales y plantas forrajeras cubren miles de hectáreas en Canadá y EE.UU. En este ultimo se cultiva además tabaco, algodón, oleaginosas y frutales. México es uno de los primeros productores mundiales de maíz, mientras que en América Central y las Antillas prosperan los cultivos intensivos dedicados a las especies genuinamente tropicales: café, bananas, caña de azúcar, cacao, ananás, etc. Brasil y Colombia son grandes productores de café, y en los demás países de América del Sur están muy extendidos los cereales y forrajes. Grandes extensiones de pastos y prados naturales, en las llanuras y altiplanos americanos, favorecen el desarrollo de la ganadería extensiva. En América del Norte se practica la cría de bovinos, ovinos, ganado porcino y caballar. En América Central predomina el ganado bovino. América del Sur cuenta también con una cuantiosa cabaña de ganado bovino, aunque está más extendida la ganadería ovina, y en algunos países andinos (Perú, Ecuador), la cría de amélidos americanos (llamas, alpacas, vicuñas). La explotación forestal proporciona un gran rendimiento maderero, en especial en los grandes bosques canadienses y en la Amazonía. La pesca también constituye una importante fuente de recursos, principalmente en las aguas del Atlántico norte y del Pacífico sur. Las reservas mineras y enérgicas son asimismo elevadas: Canadá es uno de lo primeros productores mundiales de cinc, y Estados Unidos de hulla, uranio, molibdeno y fosfata. Se extrae petróleo en la vertiente oriental de las montañas Rocosas, en el golfo de México, en Venezuela y en la cordillera Andina; existen ricos yacimientos de hierro y carbón en las Rocosas, Brasil; Uruguay. Por último, Chile es un importante productor de cobre y Bolivia de estaño. En el sector industrial, EE.UU. y Canadá ostentan claro predominio, figurando en cabeza de los países industrializados. La industria siderúrgica estadounidense es la más importante del mundo; ocupan también lugares destacados, dentro del conjunto productivo mundial, las ramas automovilística, aeronáutica, espacial, electrónica, química, petroquímica, textil y alimentaria. En los demás países americanos el sector manufacturero se limita a la transformación de materias primas locales, predominando en general los pequeños establecimientos fabriles, que con frecuencia emplean métodos semiartesanales o están poco mecanizados. Por su composición étnica, la población americana es mayoritariamente de raza blanca, descendiente de colonos europeos. En algunos países de Centroamérica y América del Sur existen importantes contingentes de mestizos y criollos; de población negra en el sureste de EE.UU., Antillas y Brasil, descendiente de los antiguos esclavos africanos, y en diversas regiones de la costa del Pacífico se han implantado recientemente grupos asiáticos muy numerosos, especialmente en América del Norte. La población de América representa aproximadamente el 15% de la población mundial; la densidad demográfica es baja (17,2 hab. por km²), y la distribución de los habitantes por el territorio muy desigual. Existen grandes regiones prácticamente deshabitadas: las llanuras boreales, el desierto de Arizona, los altiplanos que se extienden al pie de las montañas Rocosas y el desierto mexicano, en América del Norte; la Amazonia, la meseta de las Guayanas, gran parte del Chaco y la Patagonia, la costa peruana y el norte de Chile, en América del Sur. En América Central, en cambio, la densidad demográfica se sitúa muy por encima de la media continental. El índice de población urbana es en general elevado, tanto en los países del norte como en el centro y sur. Sin embargo, en América anglosajona es el resultado del nivel de desarrollo, que se aprecia además en los reducidos índices de crecimiento, con el consiguiente envejecimiento de la población, así como en el volumen de población activa empleada en el sector terciario. En América Latina, por el contrario, la urbanización se produce como fruto de una intensa emigración interna desde las zonas rurales subdesarrolladas, el crecimiento natural es muy elevado, los jóvenes dominan la pirámide de población y las actividades económicas se centran en el sector primario. Historia. Los primeros pobladores del continente americano llegaron desde Asia en sucesivas oleadas a través del helado istmo del estrecho de Bering, hace unos 30.000 años. Los vikingos visitaron las costas americanas hacia el siglo X, llegando al territorio que ellos denominaron Vinland, pero el verdadero descubrimiento del continente por parte de los europeos se produjo en 1492, año de la llegada de las tres embarcaciones mandadas por Cristóbal Colón. Españoles y portugueses fueron conquistando y colonizando nuevos territorios (México, Perú, Colombia, Brasil...), en lo que consideraban inicialmente las Indias occidentales, hasta el siglo XVII, a partir del cual se sumaron los ingleses y franceses iniciando la colonización de América del Norte. Para explotar las riquezas mineras y las tierras otorgadas a los conquistadores y colonos, en las colonias españolas y portuguesas se produjo un intenso mestizaje y se implantaron diversas formas de servidumbre, mientras que en las colonias inglesas y holandesas se implantó el sistema esclavista, que conllevó la introducción masiva de esclavos negroafricanos en el continente. Los primeros movimientos independentistas triunfaron en Estados Unidos (1775-1783) y en Haití (1804), la emancipación de la América hispana se produjo entre 1810 y 1824, cerrándose con Perú y México, y Brasil se independizó de Portugal en 1822. La evolución posterior, en cada uno de los nuevos estados soberanos, siguió un curso distinto en el N y en el S. Los países del N, de población mayoritariamente blanca, a mediados del siglo XIX entraron en un proceso de industrialización acelerada, mientras que en los del centro y sur de América, fragmentados en pequeños estados, los intereses de las oligarquías locales y los conflictos fronterizos facilitaron la penetración de los imperialismos europeos. Éstos fueron desplazados, a partir de la primera guerra mundial, por Estados Unidos, país que ya en 1823 había manifestado sus propósitos hegemónicos con la formulación de la doctrina Monroe (“América para los americanos”) y que, figurando desde principios del siglo XX entre las grandes potencias mundiales, alcanzó una indiscutida posición hegemónica que conserva aún en la actualidad. Los estados latinoamericanos, por su parte, vivieron una etapa de desarrollo, coincidiendo con las dos guerras mundiales, que dio origen a la aparición de nuevas fuerzas sociales y políticas, con las correspondientes tensiones internas y externas (nacionalismos, populismos, reformas agrarias, revoluciones, dictaduras...). En algunos países la tensión social desembocó en desiguales experiencias revolucionarias (México, 1910-1920; Cuba, 1959; Nicaragua, 1979), mientras que en otros se instalaron en el poder las dictaduras militares. En la década de los años 80, la mayor parte de las dictaduras latinoamericanas dieron paso a regímenes democráticos, al mismo tiempo que los vaivenes de la economía mundial y el peso de la deuda externa sirvieron para poner de manifiesto un grave déficit socioeconómico que se perfila, a las puertas del siglo XXI, como el problema más grave de los países de esta región. El Tratado de Libre Comercio para las Américas ha sido visto como una solución, en 2004 EE.UU., México, Canadá, Chile y varios países centroamericanos y del Caribe hacían parte del tratado y Perú, Colombia y Ecuador buscaban su ingreso. Por su parte, Brasil ha fortalecido la alianza con Argentina y junto a los socios de MERCOSUR desean aumentar su poder de negociación frente a Estados Unidos.
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